LA EXPEDICIÓN CIENTÍFICA MALASPINA 1789-1794
Walter Rela

Para Elio Alba Buffill y Esther Sánchez Grey, amigos entrañables a quienes la Santísima
me dio la fortuna de conocerlos el 6 de octubre de 1980 en el encuentro “Semana
de la Herencia Hispánica” convocado por Florida International University,
Miami, FL, de la que fuimos protagonistas.
Walter Rela
Punta del Este, 2009
UN PREÁMBULO
NECESARIO
Este trabajo enriquecido con nuevos documentos hoy, tiene
su base en la Investigación Original que realizamos en octubre-noviembre 1988
con el apoyo de la Facultad de
Geografía e Historia de América de la Universidad Complutense (Madrid) en
especial de su Catedrático el Prof. Dr. Mariano Cuesta Domingo. Por su
influencia obtuvimos la posibilidad de consultar los manuscritos de América
siglo XVIII en la Biblioteca Nacional, y en el Museo Nacional de Ciencias Naturales. Por su consejo nos presentamos al
Programa de Ayudas a la Investigación del Instituto Iberoamericano (Comisión
Nacional Quinto Centenario 1985-1992).
El dictamen del Tribunal fue de “probados méritos y
suficiente calidad de Documentos exhibidos por el proponente” y en 1995 recibí
apoyo económico para su publicación.
Esta investigación se integró con la obra de Fray José Parras, P. Florian
Pauke, S.J., C/N D. Francisco Millau, Don Antoine-Joseph Pernetty, Louis
Antoine de Bougainville, Diego de Alvear, Juan Francisco Aguirre, Piloto Andrés
Oyarvide, Félix de Azara, Concolorcorvo, Expedición Malaspina, Francisco Xavier
de Viana, Tadeo Haenke y Sir John Constance Davie.
Pasados 10 años volvimos con renovado
interés sobre la formidable empresa española conocida como: “Viaje
Político-Científico Alrededor del Mundo por las corbetas Descubierta y Atrevida
al mando de los Capitanes de Navío D. Alejandro Malaspina y D. José Bustamante
y Guerra desde 1789 a 1794. Obtuvimos una información más precisa sobre los
verdaderos objetivos políticos que la Corte de España con su Rey D. Carlos IV,
tuvieron para enfrentar financieramente tan costosa (pero brillante) iniciativa
que excedía en mucho a los fondos de la Corona.
Los resultados no pudieron ser más
auspiciosos: la “realidad de las
Indias americanas, las colonias hispanas desde el punto de vista de los grupos sociales, la
verdad ‘verdadera’ en riqueza de metales preciosos, poniendo en evidencia las
cuantiosas defraudaciones a las cajas reales que hacían funcionarios corruptos
del Río de la Plata, Chile, Perú, México,
cuando remitían cargamentos a la Metrópoli”.
El paisaje, vidas y costumbres,
cartografía levantada y firmada por expertos, y evidencias del que se mantuvo
secreto en su tiempo:“afirmar los
derechos de España sobre mares e islas que le pertenecen en virtud de bulas
papales y el Tratado de Tordesillas y el de San Ildefonso”.
Nos sentimos felices de haber culminado
en el comienzo de 2009 un trabajo que consideramos un valioso aporte al asunto.
Nada más.
Walter Rela.
Punta del Este, Uruguay, enero de 2009
LA EXPEDICIÓN
MALASPINA
Fue la gran empresa española de la ultima década del siglo XVTII, cuidadosamente preparada para obtener los mejores resultados político-científicos.
Contó con las goletas Descubierta y Atrevida cuyos mandos estuvieron bajo la responsabilidad de los Capitanes de Navío Alejandro Malaspina y José de Bustamante y Guerra,
Contó con distinguidos cartógrafos como Gutiérrez de la Concha, Felipe Bauza; astrónomos como Alcalá Galeano, Espinosa y Tello; naturalistas de la talla de Antonio Pineda, Tadeo Haenke y Luis Ñée.
En cuanto a los objetivos, nos remitimos a lo que señala D. Francisco de Solani {Director del Instituto Gonzalo Fernández de Oviedo, Madrid) en su trabajo: expediciones científicas a América durante el siglo XVIIF, publicado en La expedición Malaspina 1789-1794, Viaje a América y Oceanía de las Corbetas Descubierta y Atrevida (Madrid: Ministerio de Defensa, Ministerio de Cultura, Ayuntamiento de Madrid: 1984, p. XXXIX):
"Se
pretendía atender, prioritariamente, a objetivos políticos: realizando informes
sobre la realidad hispanoamericana, así como
estudios constantes que afianzasen ios conocimientos geográficos,
hidrográficos y náuticos para mejora de la cartografía. Se llevaba un objetivo
secreto; "afirmar los derechos de España sobre mares e islas que le pertenece»
en virtud de las bulas papales y el Tratado de Tordesillas y de San
Ildefonso".
Fueron numerosos los estudios etnográficos, arqueológicos,
lingüísticos, botánicos, zoológicos y mineralógicos, destacando la labor gráfica
que apuntan los rasgos urbanos, paisajísticos y etnológicos de gran valor.
RESULTADOS
Los objetivos
que impulsaron a las diecinueve expediciones científicas que España promueve durante el siglo XVIll fueron cubiertos con
amplitud, aunque motivaciones coyunturales impidieron la aplicación de algunos de sus alcances. Los fines más
notorios se centraron en la afirmación de la soberanía española por zonas
imprecisamente delimitadas, que fueron conocidas ampliamente t
así como la edición en España de mapas y, planos
actualizados de las costas españolas y
americanas. Esto suponía no sólo agilizar las comunicaciones, sino que se abandonaba
¡a dependencia de la cartografía extranjera, produciéndose además mapas de gran calidad y puntualidad; un excelente ejemplo
lo da el gran mapa geográfico de América Meridional que Juan de la Cruz
Olmedilla confecciona en 1775, "teniendo presentes varios mapas con arreglo a observaciones
astronómicas", con tal rigor geográfico que ha servido como documento
decisivo en las diferencias que sobre límites mantienen varios países
sudamericanos.
Otros
resultados muy positivos fueron la creación y potenciación de diferentes
organismos científicos, tanto en España como en el mundo hispánico; Real
Gabinete de Historia Natural (Madrid, 1752;
Guatemala, 1790), Reates Observatorios Astronómicos (Cádiz, 1754; Madrid.
17990; Bogotá, ¡802), Depósito Hidrográfico de Marina (Madrid. 1790), Reales
Jardines Botánicos (Madrid, 1752; México, 1738; Momia 1796).
La
emancipación hispanoamericana obligó a que bastantes trabajos científicos no
tuvieran aplicación. Pero estos retrasos no empañan, sin embargo, en nada los
alcances de las expediciones científicas, antes por el contrario sirven, junto
a los restantes, para señalar el alto nivel que obtuvo la ciencia española de
la Ilustración gracias a los notables apoyos que los políticos dedicaran al
desarrollo del conocimiento científico."
Aunque hay suficiente bibliografía sobre el itinerario
cumplido por las dos goletas, sin exceder los límites de este estudio,
hacemos una relación sumaria:
1789 30
de junio. Salida de Cádiz con rumbo al Río de la Plata,
19 de setiembre.
Fondean en el puerto de Montevideo. Bauza reconoce la
costa de la Banda Oriental.
13 de
noviembre. Salen de Montevideo hacia puerto Deseado (Patagonia), donde arriban
el 1º de diciembre.
10 de
diciembre. Llegan a puerto Soledad (Malvinas).
29 de
diciembre. Doblan el Cabo de Hornos y se dirigen a la isla Chiloé.
1790 20 de febrero. Babia de Talcahuano.
12 de
marzo. Valparaíso. Se reúne el botánico Haenke,
20 de mayo.
Puerto de El Callao.
1D de octubre. Guayaquil.
28 de
octubre. Panamá.
15 de
noviembre, Guatemala.
1791 enero-febrero.
Costa Rica, Nicaragua, El Salvador.
27 de marzo. México.
1- de agosto. Viaje por la costa Noroeste.
12 de
setiembre. Fondean en Monterrey {California).
20 de diciembre. De Acapulco a las islas Marianas.
1792 24 de febrero. Rumbo al archipiélago de Pin"
pinas.
13 de abril.
Macao.
22 de
noviembre. Mindanao.
1793 12 de febrero. Hacia Nueva Zelanda.
11 de marzo. Archipiélago de Tonga.
5 de
junio. Regreso al continente americano, por las costas peruanas, 31 de julio.
El Callao.
1794 Enero. Islas Malvinas.
14 de febrero. Fondean por segunda vez en Montevideo. 21 de setiembre. Entran en Cádiz.
LA EXPEDICIÓN
MALASPINA EN LA BANDA ORIENTAL
Como se desprende del itinerario, en
dos oportunidades estuvieron en estas tierras. La primera en 1789 (del 20 de
setiembre al 16 de noviembre), la segunda el 14 de febrero de 1794 (con un
total de más de 41 días).
Sobre este lema trabajó el
historiador uruguayo Prof. Flavio A. García, del que tomamos parte de la publicación que hiciera en la Revista de la
Biblioteca Nacional, K8 27 (Montevideo: 1990, p.27-3.1):
ETAPA MONTEVIDEANA
Malaspina
dirigió el operativo desde la Banda Oriental. Con el concurso del mallorquín, Felipe Bauza,
a quien se encargó ¡a misión cartográfica. Concibieron aquí, dos bases de
medición, una en el fondo de la bahía montevideana y otra en punta de Carreta.
Así se fue preparando un minucioso plano de la bahía, puerto y Cerro, que se
perfeccionó en 1794. Así como los de baldonado y Colonia. Fundamentales en su
concepción de la "Caria Esférica del Río de la Plata, desde su embocadura
hasta Buenos Aires”[1].(1)
La exploración de la
orilla septentrional se cumplió, por varias comisiones, en dos tipos. Desde
Montevideo hacia el Este, hasta el Cabo de Buena Esperanza, Con marcaciones en
Maldonado y Maldonado Chico (San Carlos), Punta Ballena, Punta Negra y
"embocadura" del arroyo Pando. Luego, desde nuestra ciudad hacia el
oeste, vía Colonía y demás poblaciones existentes (Canelones, San José,
Colla), fondeadero de Santa Lucía y accidentes geográficos diversos, que registraron a su paso. En simultaneidad del recorrido
equivalente en la costa meridional (a la cual se accedió mediante una
sumaca), hacia Buenos Aires y desde la ensenada de Barragán al cabo de San Antonio,
de difícil acceso por su escaso fondo. A cargo de Bustamante, con Valdés, Quintano, Gutiérrez de la Concha y Vernacci.
La colaboración virreinal, facilitó embarcaciones y traslados.
Observaciones Astronómicas
Los
marinos especializados como astrónomos, siguieron con tesón el mapa celeste,
efectuando cotidianos trazados de la órbita de la luna y del pasaje
estelar. El 27 de setiembre Tova y Galiana presenciaron la inmersión del
segundo satélite de Júpiter. A principios de noviembre, Galiano y Vernacci
efectuaron minuciosos cálculos y observaciones esperadas ansiosamente. Entre los que resaltó el acontecimiento
celeste del pasaje de Mercurio delante del disco del Sol, que tuvo lugar el cinco de ese mes.
Cada
uno de ellos, por su parte, siguió al detalle la trayectoria de emersión y
ocultación.
LA EXPEDICIÓN CIENTÍFICA MALASPINA
De ello ha quedado
copiosa información europea; buena parle ha sido re-exhumada en forma
facsimilar por el Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay.[2]
Este
movimiento ha sido señalado en los anales astronómicos del viejo mundo. En el
siglo siguiente, el sabio Leverrier se basó en él, como una de las
determinantes del valor numérico de la famosa anomalía que afecta el
desplazamiento secular del perihelio de la órbita más cercana al astro.
Los trabajos
de los naturalistas
Su ímprobo hacer contribuyó a enriquecer los herbarios y colecciones,
aportando datos precisos y correctos, detectando a la vez, especies desconocidas.
El equipo de
naturalistas fue el reflejo del alto nivel en que se encontraba en esa materia
la madre patria. Estuvo liderado por Antonio de Pineda y Ramírez del Pulgar,
que contó con la colaboración del botánico
Luis Née, en su participación en nuestro medio.[3].
A partir del pasaje por Chile, en adelante, contaron con la
incorporación del botánico Jadeo Haenke, oriundo de Bohemia. Los tres,
impulsaron un avance especial en los rubros zoológicos, botánico y mineralógico, en la esfera de su captación
de colectores, clasificadores y divulgadores científicos.
Su
método de trabajo descriptivo fue "sui generis", Las rigurosas
descripciones, simplificaron la prolijidad de un Brisson y eludieron la
concisión de un Linneo Es decir, adoptaron un equilibrado y práctico
sistema intermedio.
En el recorrido de nuestro
medio, De Pineda y Née, auxiliados por el piloto José de La Peña y por el
Capitán Santiago Liniers, partieron de Montevideo hacia Pan de Azúcar y Maldonado. A su regreso fueron a Colonia e Isla
de San Gabriel. Para pasar a Paraná de tas Conchas, Buenos Aires y
Martín García. Su exploración fue fecundísima. Enviaron de inmediato
centenares de ejemplares disecados y herbotizados a los centros principales de
España. De aves, cuadrúpedos, peces,
arbustos, yuyos, semillas, flores, hierbas, descubiertos por ellos y debidamente
clasificados, todos catalogados de acuerdo al método adoptado. Con aditamento
de petrificaciones y muestras minerales. En labor auxiliar con José del Pozo,
que con sus lápices y pinceles representó "al vivo" la fauna y la
flora locales.
Realizó igualmente
otros trabajos como "Aves, cuadrúpedos y peces de Montevideo".
"Reino vegetal, genéricas y Específicas de Plantas halladas en el viaje de
Luis Née a América", apuntes sobre "Zoología del Virreinato de
Buenos Aires", en mayoría tomados en la
De Pineda Martínez
del Pulgar había desarrollado en España, senda actividad especializada, que
prosiguió fluidamente en esta expedición, sin pausa. Fallecía inesperadamente en
Badoc, modesta localidad Filipina el 23 de junio de 1792. a. los treinta y ocho
años de edad. Su hermano Arcadio al volver a Montevideo, tuvo la misión de
coordinar sus apuntes y memorias inéditas, que se publicarían en cinco tomos.
Las circunstancias sobrevinieres impidieron su concreción. Buena parte de la
papelería, se encuentra en "Anales de Ciencias Naturales" de Madrid.
A veces sin señalar su autor o bajo otra asignación. Id. en las principales
bibliotecas europeas y en el
Museo Naval de Madrid.
LA ÚLTIMA ESCALA
El
14/II/1794 se produjo la llegada de la "Descubierta" a nuestra bahía.
Al día siguiente entró la "Atrevida". Esta vez la estadía fue más prolongada.
Sobrepasó los cuatro meses.
Malaspina debió esperar la
incorporación de otras embarcaciones, que compartirían el viaje en convoy, que se le ordenó comandar, ante
el presunto trance de guerra. Formaría dos divisiones marítimas,
encabezadas por cada una de sus corbetas.
Aguardaron la
presencia de varias embarcaciones colmadas de riquezas peruleras y millones de pesos fuertes de oro y plata en
barras y caudales procedentes de Buenos Aires. En total, cuatro del
comercio de Lima y seis del bonaerense. Protegidas por una fragata y el enlace
de una veloz repetidora de la armada.
En esta oportunidad
también el Apostadero Naval, ahora bajo la jefatura del Brigadier Antonio de Córdoba, brindó lo requerido para el
convoyaje. Víveres, aguada, aparejos, velámenes, montaje de artillería, pólvora y municiones. Acomodó la estiba de
los metales transportados. Ayudó a completar las dotaciones de los
buques, con la marinería que fue posible alistar.
Tiempo
de preparativos que fue bien aprovechado por los eficientes expedicionarios y
sus artistas. Así fue que revisaron y perfeccionaron
las tareas anteriores, realizaron otras, dibujaron y bocetaron cosas y
paisajes. Completaron las observaciones y trabajos cartográficos hechos en
1789, con el agregado del reconocimiento completo del Banco Inglés y del Bajo
de la Panela. En simultaneidad con su
asesoramiento en proyectos de mejoramiento de las comunicaciones y defensa rioplatense.
”
Testimonios escritos
Quedaran tres, que corresponden
respectivamente al capitán Malaspina, al capitán Espinosa y Tello, y al
Teniente de Navío Francisco Xavier de Viana.
En 1883 en Madrid, se publicó con
una introducción del Teniente de Navío D. Pedro de Novo y Colson el libro que
llevó por título: Viaje político-científico alrededor del mundo por las corbetas
Descubierta y Atrevida al mando de los capitanes D. Alejandro Malaspina y D,
José de Bustamante y Guerra desde 1789 a 1794.
Tomamos de los dos primeros, los capítulos con
referencias concretas a la Banda Oriental, y del último el publicado en Diario
de Viaje (Carrito de la Victoria: Imprenta del Ejército, 1849). Homero MARTÍNEZ MORENO. "El Apostadero Naval
de Montevideo" Madrid. 1968. José
TORRE RE VELLO. "Los artistas pintores de la Expedición Malaspina".
Buenos Aires, 1944, Láminas y bibliografía.
ALEJANDRO
MALASPINA (1744-1809)
Nació en Palermo (Italia), pero ingresó a
los 20 años en la Escuela Naval de Cádiz, de la que egresó con el grado de Guardiamarina.
Participó en varias acciones de guerra
defendiendo a la corona española, hasta que en 1789 concreta el proyecto del
viaje polítíco-cíentífíco al que hemos hecho referencia,
Nos quedaría por comentar una última
etapa de su vida, la de su prisión y proceso al que fue sometido al regresar a
España. Tomamos la versión del Capitán de Navío argentino D, Héctor R. Ratto (La expedición Malaspina en el Río de la
Plata. Buenos Aires: Sociedad de Historia Argentina, 1938, p. XXXVI-VIII):
"Cuando
Malaspina redactaba lo precedente corría la fecha 7 de noviembre de 1795, hacían pues, dieciséis meses del regreso
regocijado de las corbetas a Cádiz”,
Obvio
resultará afirmar que el plan político del marino estaba lejos de convencer al
Príncipe de la Paz. A estar a lo manifestado por aquél, tal plan "antes de
conocido estaba desaprobado". El primero había cometido la indiscreción de
divulgarlo entre sus amigos verbalmente y por escrito.
Abreviando
comentarios y citas: el 23 de noviembre del ano últimamente citado, Malaspina y
el Padre Gil, llamado a dirigir la publicación de las memorias del viaje, eran
tomados presos por orden del Rey, Con éstos caía una dama de honor de la Reina:
la Condesa Matallana.
¿Qué había
ocurrido? Macho se ha escrito y supuesto sobre este particular, a saber: el
liberalismo con que el oficial había planteado los problemas políticos atinentes
a la Monarquía; el haber chocado con la política del Ministro Godoy, amante de
la Reina María Luisa. En cuanto a la Matallana se la ka considerado como
interesada en mediar o intrigar -vaya uno a saberlo- a favor de Malaspina.
Sumando y
restando, simplificando todo lo que nos es posible,
parece indudable que no faltaron intrigas, celos y temores respectivamente, de
parte de Malaspina, Godoy y la Reina; empero¡ para el Rey, una cosa lo hizo
obrar contra el antiguo Comandante en Jefe de la "Descubierta" y
"Atrevida": sus inquietudes políticas que, pintadas con exageración por el "valido" de María Luisa,
acarrearon la ruina definitiva de su adversario, convicto de conspirar contra
el régimen político imperante.
No faltó en la
emergencia, a nuestro interesante personaje, la buena voluntad de un poderoso
dispuesto a mejorar su suerte: Napoleón Bonaparte, Emperador de los franceses,
que logró más tarde, cambiar su prisión por un destierro en Milán, en donde,
curado de espanto, rehusó un Ministerio que se le ofreció, Las noticias que
sobre su fin conocemos están acordes en afirmar que murió abismado y lleno de pesadumbre, separado para siempre de aquel copioso
archivo que él, secundado por personas de excepción, logró atesorar en
cinco años de tesonera labor por aguas y tierras americanas".
Capítulo II
Estada en Montevideo • Excursiones y
aprestos para la campaña sucesiva
La noche apacible
nos dio lugar a concluir casi de un iodo la faena de amarramos según la
costumbre del puerto, tendiendo por largo y por la proa dos cables, uno al
sudoeste y otro al sudeste, y sujetando la popa con un calabrote al norte. En
esta posición demoraban, la cumbre del ceno al oeste; su punía saliente con restinga al oestesudoeste; las
piedras negras del fondeadero al norte 3K
0r; el fondo 16 pies, lama suelta con viento del sur y 13 con las
vaciantes del norte. Distábamos como
un cable y medio de la "Sabina" y dos y medio del muelle. La "Atrevida" se amarró del mismo modo y a
corta distancia de nosotros.
No parecía a
primera vista asequible el levantar el plano del río. Debía ser objeto más bien
de
muchos meses que de pocos días. El emprenderlo sin esperanza de concluirlo
bastaba para retraemos de toda idea de esta especie, ni por otra parte debíamos
sacrificar a esta obra un día siquiera del próximo verano, desuñado con preferencia a
las costas patagónicas y tierras del Fuego.
Pero examinados con
más madurez estos obstáculos y bien graduadas así nuestras fuerzas, como el tiempo
indispensable de nuestra permanencia en el puerto, no sólo por la estación temprana, sino también por los muchos
aprestos que necesitaban los buques, empezaron a disiparse las dificultades y a parecer fácil el que una Oficialidad
activa e inteligente y un acopio de instrumentos astronómicos y
geodésicos, cual era el de las corbetas, combinasen en sus pasos esta nueva
utilidad.
Establecido el
observatorio en Montevideo, en el cual al mismo tiempo se comparasen cotidianamente los
relojes marinos y se emprendiese una serie no interrumpida de larcas astronómicas, así
para la determinación de la longitud como para coadyuvar a los progresos de la misma Astronomía, podíamos mirar este
punto como el centro o reunión de nuestras excursiones,
y convidaban a ello: no menos su posición casi equidistante de todos los
parajes importantes que debía
abrazar la carta, que el paradero en el de las corbetas, el cual nos daba lugar a trabajar con más descanso y a no omitir el
apresto más breve de ambos buques.
Desde el día
siguiente quedó, pues, decidido, que don José Bustamante y los Oficiales
subalternos Valdés, Quintano, Concha y Vernacci pasasen en una sumaca[4]
(1) a Buenos Aires; de allí, con auxilios que el Virrey les prestase,
emprendiesen el reconocimiento de la costa meridional del río desde aquella
capital hasta el cabo San Antonio. Tomaron otros a su cargo el reconocimiento de la
costa hasta Maldonado. No quedaría después sino la parte comprendida entre Montevideo y la Colonia del
Sacramento, la cual sería fácil explorar al regreso de Maldonado.
Los tiempos no permitieron navegar a Buenos Aires
antes del 28. En el entretanto se aprovecharon todos los instantes para que don
Felipe Bausá midiese una base en el fondo de larada y otra hacia la punta Las
Carretas, y con marcaciones correspondientes emprendiese el plano del puerto y
la situación de los puntos adyacentes. Fué luego en la mañana del 26 a marcar
con el teodolito desde lo más alto del monte Úrico lodos los puntos a la vista,
entre los cuales el Pan de Azúcar y la isla Flores lomada en sus extremos, eran
objetos de la mayor importancia para nuestro intento.
Le acompañaron
también don Antonio Pineda y don Luis Née. Habían ya herborizado y cazado en las
inmediaciones del pueblo; encontraron, no obstante, en qué pacer su curiosidad
y confirmaron la primera
idea de la suma abundancia en aquel suelo de plantas aún no bien conocidas en
las descripciones botánicas.
Las primeras
comparaciones de los relojes nos habían indicado que su movimiento era bien diferente
del que le habíamos determinado en Cádiz. H 61 había disminuido de 3"
diarios, próximamente.
Había aumentado su retardo el número 13 hasta 11" diarios y el número 72 aceleraba de 14" a 16" por cada
día medio. Pero reducidos sus resultados a la isla Lobos, situada por las observaciones astronómicas hechas
por el Brigadier don José Várela, en Montevideo, podía conjeturarse que sólo el 72 había padecido esta alteración
en la época en que lo habíamos sospechado. Los 13 y 61 combinaban su marcha
primitiva con una longitud tan aproximada,
que el primero sólo daba 4' menos y el otro 14 de la que inferimos después de
nuestras operaciones (i), y así nos confirmaban en la seguridad que la
situación determinada a la isla
Trinidad y sujetada particularmente al 10, peco o nada se apartaba de la
verdadera.
La diferencia de meridianos entre la isla
Lobos y Montevideo fue" de 1- 24'42' por el número 61. Resultó la de 1- 24*8", por un promedio de los números
10 y 105 de la "Atrevida", conformes con nuestras operaciones
trigonométricas.
Ya el 27 de septiembre don José
Bustamante y los Oficiales destinados a Buenos Aires habían determinado emprender el camino por tierra hasta la Colonia del
Sacramento, y de allí con la
chasquera, o embarcación del correo, transitar inmediatamente a aquella
capital. Quedó Vernacti con el
cuidado de conducir por agua la colección de instrumentos de la
"Atrevida" y el cronómetro 61, y tuvieron orden de acompañarle
un pilotín y un soldado de marina. El camino a La Colonia, que los naturales
suponen de 42 a 44 leguas apartándose mucho de la orilla para vadear con más seguridad los arroyos, resulta, no obstante,
mucho más corto en nuestros planos.
Pasa por el Canción, el Campamento, San José, Jufre, Rosario y El Sauce, en donde hay puestos de dragones con caballos del
Rey. Estas se franquean al pasajero con un dragón que le acompaña mediante un pase u orden de auxilios del
Gobierno de Buenos Aires o Montevideo. Los chasquis, o extraordinarios,
los correos periódicos y la comunicación hasta los puestos del Río Grande, por Maldonado, llegan así a su destino con
una brevedad de la cual fuera difícil dar una cabal idea sin temer de
ser tachados de exageración. No faltan en el camino
algunos pueblos y aun muchas estancias (2) en donde el pasajero pueda
encontrar un buen acogimiento. La carne y la leche allí son frutos más
bien de la naturaleza que de la industria, y pueden caracterizarse de ningún
valor.
Montevideo
Los Oficiales
llegaron a La Colonia en la noche del 28, y en la mañana siguiente a Buenos Aires, casi al
mismo tiempo en que fondeaba la sumaca en la cual Vernacci conducía instrumentos
y relojes, En una travesía de pocas horas, y sujetado a comparaciones
anteriores y posteriores, había determinado el número 61 la diferencia Je meridianos
entre nuestro observatorio de Montevideo y la casa de Cabildo de Buenos Aires,
de 2º10'22", igual absolutamente a la que había deducido de sus
observaciones el Brigadier don José Várela.
La actividad de
nuestros oficiales encontró la correspondiente protección en el señor Marqués
de Loreto, Virrey, a la sazón, de aquellas provincias. Establecieron un
observatorio en el cual
diferentes distancias meridionales al cénit, tomadas al norte y al sur con el
cuarto de círculo, determinaron la latitud
de 34- 61' 39". Emprendieron una serie de triángulos sobre base medida,
llevándola hasta la ensenada de Barragán sin permitirles el terreno penetrar
mis al este; y dispusieron la total
habilitación del paquebot "Belén" y una chalupa, pues era preciso preferir un reconocimiento por mar a los que
pudieran intentarse por tierra, no menos por las dificultades que ofrecían las distancias y caminos, como por el riesgo
funesto a que podría arrastrarlos la suma proximidad de los indios pampas a las
orillas del cabo San Antonio. Se encargaron de esta operación importante los
oficiales Concha y Vernacci, embarcándose en el "Belén". El 10 de octubre se perdieron de vista ambos buques,
y el 12 regresaron a Montevideo don José Bustamante, don Cayetano Valdés y don
Fernando Quintano, con una travesía de veinticuatro horas.
Desde el 29 del pasado septiembre,
sistemadas, como ya se indicó, todas las medidas para la prontitud de los
aprestos, se había emprendido por tierra también el reconocimiento de la costa desde Montevideo hasta el cabo Santa María. Iban
el reloj 105 del comándame de la "Atrevida",
algunos sextantes, un teodolito y todos los utensilios para medir bases y
sondar, y se habían unido a don Felipe Bausa y a entrambos naturalistas,
el Capitán de Fragata don Santiago Liniers, segundo comandante de la
"Sabina" y el piloto don José de la Peña, siendo de la mayor
utilidad, así la pericia del segundo en el conocimiento de las costas, como la destreza del primero en acopiar por medio de la
caza mil objetos útiles a la Historia Natural.
El 30 por la noche
estuvieron al pie de la montaña denominada el Pan de Azúcar. Con este motivo, a la siguiente mañana
determinaron subir a su cúspide Bausa y Peña para hacer marcaciones con el teodolito en todos los puntos de la costa. Pineda,
Née y Liniers, con el de examinar científicamente un suelo montuoso que en
aquellos países debía dar otro semblante a Ja naturaleza, del que presentan las inmensas pampas o llanuras que le
componen por todas partes.
Era bien el fin del crepúsculo cuando
llegaron a Maldonado los instrumentos y poco después,
en dos grupos, las diferentes personas que habían subido al monte. La Litología
y la Botánica lograron en esta
excursión de unas ventajas considerables: las marcaciones daban ya sujetos todos los puntos principales de la costa,
y a pesar de lo escarpado del monte, ni los instrumentos ni los viajeros
habían padecido el más leve daño.
El día 1o
de octubre se les presentó con un semblante aún m.1s favorable. Emprendieron inmediatamente el levantamiento del plano
del puerto, el cual, con un trabajo constante hasta las cinco, quedó concluido en todas sus partes. Los naturalistas y
Liniers, los cuales habían empleado la mañana en poner orden a las
muchas adquisiciones hechas en el camino, fueron por la tarde a Pueblo Chico, población distante de Maldonado como dos
leguas y compuesta de familias portuguesas expatriad as del Brasil o de
españolas traídas en los últimos años para poblar
la costa patagónica y depositadas entonces en las inmediaciones de Maldonado.
El 2, concluidas ya las operaciones y examinado el
país inmediato en cuanto el tiempo lo permitió, emprendióse el viaje de
regreso, y hechas marcaciones en diferentes puntos de la costa, cuales fueron
Punta Ballena, Punta Negra y la embocadura de Pando, lograron restituirse a
bordo en la tarde del 4, viendo con mucha complacencia que no se había alerado
la marcha del 1(15, y que sus resultados, conformes con las primeras determinaciones,
no discrepaban sino pocos segundos de las operaciones trigonométricas traídas
al Pan de Azúcar, desde Maldonado y desde Montevideo. En el entretanto, don
Francisco Viana, a cuyo cargo había quedado la corbeta por enfermedad de don
Manuel Novales, adelantaba considerablemente los aprestos.
Todos los trabajos
emprendidos procedían con igual actividad, No era menor en la "Atrevida" la del
Teniente de Navío don Antonio Tova; y don Dionisio Galiano, siguiendo con tesón
las
operaciones astronómicas, había observado en la mañana del 27 la inmersión del
segundo satélite de Júpiter,
determinada después la marcha del péndulo y de los relojes marinos, observadas casi diariamente la inclinación y
declinación de la aguja, y por diferentes alturas meridianas de estrellas bien
determinadas en el catalogo de M. La Lambre, deducida la latitud del observatorio. El trazar diariamente la órbita
de la luna y calcular con operaciones gráficas la hora y pasaje de las
ocultaciones de las estrellas, habían sido un trabajo que, si bien infructuoso
hasta entonces, denotaba no menos la exactitud de aquel oficial astrónomo, que
la utilidad que sacaríamos en lo
venidero de este examen incesante de la marcha de la Luna.
Los guardias marinas y los pilotos
destinados a sondar el puerto, interior y exteriormente, no se habían tampoco descuidado en este examen
preciso para la exactitud de nuestros planos, bien que lo hacía siempre dudoso
la diferencia del nivel del agua en el puerto, más baja por lo común de cuatro a cinco pies con los nordestes y
noroeste, de lo que lo es con los vientos del sudeste, sur y sudoeste.
Ya regresado
Bustamante a Montevideo, emprendióse el 13 de octubre nueva excursión a Buenos Aires, Él
tiempo, algo indeciso, nos determinó a ir por tierra: los señores Pineda y Née prefirieron la
sumaca y tuvieron la felicidad de llegar al día siguiente por la tarde a la
Colonia del Sacramento,
pocas horas antes que los tiernas.
Era nuestro ánimo,
llevando un sextante, una aguja y el reloj 105, el examinar desde los parajes más cómodos la continuación de la
costa hacia el oeste, de suerte que esta parte quedase bien ligada y sujeta a enfilaciones como las demás: pero como
fuese que el camino se apartaba mucho de la orilla, hallamos difícil esta
empresa sin el sacrificio de dos o tres días, el cual parecía tanto más
considerable cuanto mayor era el riesgo de que unos tiempos mis obscuros no permitiesen luego el observar en La
Colonia, cuya latitud y longitud debían sujetar oportunamente la dirección y extensión de la cosía intermedia. Con estas
reflexiones seguimos el camino
directo apartándonos sólo hacia el arroyo de la Caballería, desde donde por
medio de algunas marcaciones se tomó
la dirección de la costa al este en cuanto alcanzase la vista.
Los señores Pineda
y Née habían ya herborizado en la misma tarde con mucha rclicídad. La tuvieron aún mayor
en la siguiente mañana, en la cual, habiendo pasado a la isla San Gabriel, paraje oportuno para las observaciones de
latitud y longitud, juntaron en poco tiempo tal variedad de arbustos, yerbas y flores que parecían más bien fruto del
examen de un país entero que de una isla pequeña.
Retirados así poco
después del medio día a bordo de la sumaca, y hechas nuevas marcaciones, dimos la vela
para Buenos Aires con vientos del sur y sudeste galenos. Nuestro rumbo fué, por largo ralo al
oeste y oeste cuarta al sudoeste, con el cual, y a una distancia andada de
cuatro y media a cinco
leguas, avistamos las torres de Buenos Aires por el sudoeste y logramos forcear
al ponerse el sol, en sus inmediaciones. La corriente, a la sazón, era muy
lenta para fuera.
Nuestra demora en
Buenos Aires fué únicamente de cuatro días. Tuvimos, sin embargo, la satisfacción de ver
regresar a los señores Concha y Vernacci, concluida completamente su comisión; y examinada a nuestra vuelta en
Montevideo la marcha del 105, después de una travesía
de pocas horas en la sumaca, no sólo se halló ésta conforme con las
determinaciones anteriores, sino también la diferencia de longitud que
había asignado el numero 61 entre Buenos Aires y Montevideo.
No menos favorable
había sido esta última época para el doble objeto de completar el plano del río, sin causar
la menor demora en los aprestos ni en la salida. Buslamante y Valdés habían concluido casi en
un todo las obras interiores de los buques y el embarco de víveres y aguada. En una pequeña
balandra fletada para el intento, los señores Robredo, Bausa y Peña; llevando consigo el
cronómetro 72, habían observado la longitud y latitud en el paralelo y el
meridiano del banco Inglés, sondando hasta las inmediaciones de la isla Flores
y por su banda del norte. Con la misma balandra don Antonio Tova y el Guardia
Marina Aliponzoni, se hallaban ahora en el río Santa Lucía para examinar aquel fondeadero,
buscar un bajo no distante de la punía del
EspinilJo, de seguir ios triángulos lo mis al oeste que fuese posible y, entre
tanto, no se olvidaba el sondar las inmediaciones del puerto, y Galiano
continuaba sus tareas astronómicas en el observatorio.
El 26 regresaron de
Buenos Aires los señores Pineda y Née; el primero había hecho en una excursión a las
Conchas, nuevas adquisiciones importantes para la Historia Natural. El según-
do, había examinado las inmediaciones de aquella capital, y entrambos
desembarcándose en Martín García, dentro de la embocadura del Paraná, habían
después, en un viaje de cinco días, reconocido el terreno comprendido entre
aquel puerto y Montevideo. Finalmente, el 31, con la reincorporación de los
señores Concha y Vernacci, logramos ver reunida toda la Oficialidad.
Se reemplazaron con
este mismo motivo, los marineros díscolos, los enfermos y los desertores, librada una
paga a la Oficialidad de mar, tropa y marinería, y se hizo señal de aprontarse para dar la vela.
Con haber anticipado
a la marinería el leve socorro que indicamos, era nuestro ánimo et de manifestarle un
premio al trabajo, hacer una nueva experiencia de su conducta y desapego del
desorden y, finalmente, no enturbiar con sus vicios, si se inclinasen a ellos,
las próximas fiestas que en
Montevideo se preparaban para la jura de S.M., felizmente reinante. Concluidas
las faenas a bordo, se dio licencia a todos
para que fuesen a tierra por tres días. Se detuvieron para el servicio de las embarcaciones menores los que
habían tomado nuevamente plaza en reemplazo de los enfermos y desertores o los que enfermos desde la salida de
Cádiz, sin haber aliviado a sus compañeras en el trabajo, se hallaban en el día
perfectamente restablecidos.
Los primeros días del mes de noviembre
eran demasiado favorables para la Astronomía, para
que no intentásemos aprovecharlos, tanto más, que no quedaba aún bien segura la
longitud de Montevideo, por las
circunstancias poco favorables de las observaciones del primer satélite de Júpiter, o por la órbita de la Luna, que aún no
había proporcionado ocultación alguna visible de las estrellas hasta de sexta magnitud. Don Dionisio Galiano había
preparado los cálculos preliminares.
FJ eclipse de la Luna y el paso de Mercurio por el disco del Sol, merecían toda
la atención. Podía no proporcionarse
esta observación en Europa, por la obscuridad bien natural en los
principios de invierno; ni allá podía ser visible la emersión del planeta, la
cual debía acaecer en Montevideo, entre dos y tres de la tarde.
En la noche del 2,
que fue sumamente clara, pudo observarse el eclipse parcial de Luna; empezó a las 7 horas
41', tiempo verdadero y feneció a las 9 horas 48'. Ya a esta hora habíamos observado la ocultación
de la 90a de Mayer por la Luna; tuvimos luego la de la 93º, del
mismo catálogo.
Asistieron todos los oficiales libres, y en los intervalos que dejaban las observaciones
indicadas, se ocuparon en medir distancias tic la Luna a las estrellas, cuyos
resultados quedaron luego
agregados a los que se habían observado anteriormente.
El día 5, al
amanecer, nuestro sobresalto era por precisión muy grande. Una porción crecida
de celajería obscura parecía querer inutilizar los aprestos, No podían
conseguirse siquiera dos alturas seguidas del sol en el cuarto de círculo para
las correspondientes de la tarde: se habían preparado los eliómetros y, sin
embargo, no bien disipada aún la celajería fué absolutamente imposible el ver
el ingreso del planeta; pero luego se observó su rula por Galiano con el cuarto
de círculo, y por Vernacci en el eliómetro. La emersión pudo determinarse con
entera satisfacción de
entrambos.
En la misma noche
observóse la inmersión y la emersión de Tauro por la Luna y, finalmente, en la siguiente
del 6 fué también una observación de mucha importancia la inmersión del primer satélite de
Júpiter a las 3 horas 3' y 11" de la mañana, observación que comparada a
las horas
de las Efemérides dió para el observatorio la longitud occidental de Cádiz de
5O0 5 y 45".
Tomadas el día 7
las alturas correspondí entes para la exacta determinación de la mancha del péndulo, se encajonaron todos los
instrumentos y sólo atendióse a ordenar los planos y los acopios relativos a la Historia Natural. El señor
Virrey había agregado a las dos corbetas un bergantín de la plaza mandado por
el Kioto don José de la Peña. Debía seguirnos al andar de la costa patagónica y
regresar desde allí o desde las Malvinas con los pliegos y noticias que se le
diesen; con este motivo le comunicamos ahora las instrucciones oportunas y se
le dieron los auxilios necesarios para que estuviese pronto.
Concluidos así todos
los objetos que podíamos abrazar en aquella parte de los dominios de SM, metidas las
embarcaciones menores y ya desamarrados, creímos poder dar la vela en la mañana del 12; pero
ni el viento fue favorable ni dejaba de inquietamos la Hueva deserción de algunos individuos en ambos buques. Lo
avisamos la noche antes al Mayor de la armadilla para que trajese algunos reemplazos voluntarios. Fue preciso traerlos
violentos y la mayor parte inútiles; apenas la "Atrevida" pudo
completar su dotación; faltaban aún cuatro hombres en la "Descubierta". Hízose con este motivo
una leva de gente vaga; a las seis de la tarde tuvimos a bordó los cinco
hombres que nos faltaban, desechado uno inútil. “La Atrevida" completó y
mejoró su tripulación.
Amaneció con vientos
de nornordeste al nordeste frescos y algo arrafagados; emprendimos inmediatamente el dar la vela y lo
hubiéramos verificado en el instante si el Capitán del bergantín no viniese
personalmente a avisamos que el agua extraordinariamente baja y los mismos horizontes cargados por el sudoeste, le hacían
creer no tardaría el tiempo sino pocas horas para declararse contrario y
tempestuoso. Desistimos inmediatamente de la primera idea, y no bien
habíamos echado abajo las vergas de juanete y calado sus masteleros, cuando el
viento se declaró al noroeste, nordeste y este, tempestuoso. El agua había
bajado aún más que el día anterior y ambas corbetas estaban varadas con proa al
nordeste. A la fuerza del viento, que ya en
la larde podía llamarse un verdadero huracán, acompañaron una lluvia abundante
y no pocos truenos y relámpagos. Sólo
a las dos de la mañana cesó el temporal y amaneció con ventolinas del cuarto
cuadrante, las cuales cedieron luego al sudoeste fresquito con semblante apacible.
La noche inmediata fue tranquila;
amaneció hernioso y con viento bonancible del nordeste y norte, con el cual
emprendimos inmediatamente el dar la vela.
JOSÉ ESPINOSA Y TELLO (1763-1815)
Teniente de navío. Trabajó a las órdenes
de Vicente Tofiño en el Atlas Hidrográfico Español. En 1788 se le encargó que recopilase
datos para la expedición Malaspina, pero no pudo embarcarse por motivos de
salud. Por fin, en noviembre de 1790, y en compañía del teniente de navío Ciríaco Cevallos, pasó a México para reunirse con la
expedición. Llevaba para Malaspina
el Almanaque Náutico y nuevas publicaciones; los relojes 344 y 351 de Arnold que le entregó Mazarredo, y el péndulo simple
constante para comparar y unir los resultados de la expedición con los de los
académicos franceses en los 45a N, para el arreglo de un
nuevo sistema de pesas y medidas en Francia. Viajó con Malaspina hasta
Alaska, reconoció el archipiélago de Nutka
y los puertos españoles de Oceanía, De regreso al continente americano, desembarcó en Valparaíso con Bauza, para pasar de
Chile a Argentina a través de los Andes y la Pampa. Regresó a España en
1794.
Tras la caída de
Malaspina es destinado a la escuadra de Mazarredo, y en 1796 se embanca para
Filipinas. Pronto el rey lo manda llamar para encargarle la recién creada
Dirección de Hidrografía, iniciando la publicación del material científico de la
expedición, principalmente el "Atlas
Marítimo de América" y la "Relación del viaje de las goletas Sutil
y Mejicana..". Escribió también
una ¡elación de su viaje por México y el Río de la Plata, con las observaciones
y trabajos de los botánicos Pineda y Née.
Su relaciones con
Malaspina una vez incorporado a la expedición, no debieron ser muy cordiales. A
su regreso. Espinosa dirige una carta a S. M. en la que se queja del trato
recibido por
Malaspina durante la expedición, y reclama el reconocimiento de méritos por sus
trabajos realizados. Por el contrario, Malaspina huye en la relación del viaje
de comentarios específicos sobre el comportamiento de Espinosa; sólo en su informe
para la obtención de "gracias" de los componentes de la expedición
dirigido a S. M., se limita a solicitar "ninguna" para el teniente de navío don José Espinosa y Tello,
A la vista de estos
hechos, podría pensarse que la incorporación de Espinosa a la expedición lite impuesta a
Malaspina (Espinosa era hijo del Marqués del Águila, noble sevillano de gran
influencia), pero cabe la duda al tenerse constancia del interés que Malaspina
mostró siempre para que
Espinosa se uniera a la expedición cuanto antes.
Estudio sobre las costumbres y
descripciones interesantes de la América del Sur, por EspinosaNoticias relativas a Montevideo
El Río de la Plata puede compararse a un mar o golfo:
hace horizonte; y si se cuenta su boca desde
el cabo San Antonio hasta Santa María,
será su anchura de cuarenta leguas. La isla
Lobos es un islote compuesto de rocas peladas, y sólo se le advienen algunos
manchones con arbustos, estando
poblado de lobos marinos y de muchas gaviotas, zaramagullones y otras aves.
Más adentro se presenta la orilla norte del río, formada de tierras bajas
cubiertas de vegetales, y a cierta distancia, cadenas de montes y colinas.
La isla Flores se
compone de morros alomados y de rocas folosas, como la que precede: tiene en su pie
mucha peñolería, donde revienta la mar. Pudiera llamarse isla de Pájaros, según
la multitud que de ellos
contiene.
Descubierto el reno
de Montevideo y la punta Carretas, se presenta la población: sus casas de un alto, y sus alrededores llenos de
casas cubiertas de paja, de corrales y ganados, Los corrales son formados de
estacas y revestidos de cueros. Hay una fortificación de cuatro baluartes,
castillos o ciudadela, al este de la ciudad, en un paraje elevado, de manera
que la domina. La ciudad se sitúa en una lengua de tierra que sale al oeste
cosa de una milla. Está cercada de una
muralla regular con ocho baluartes: baña el mar su circunferencia, excepto por el
este, y se halla rodeada de peñascos en que se estrellan las olas.
Las murallas viejas
no están muy bien conservadas, y sus fosos están llenos de yerba; de manera que
el autor de estas Memorias no le parecía plaza de mucha confianza, por las
pocas dimensiones
de sus fosos y los barrancos y desigualdades de las cercanías que no se
distinguen bien desde la
plaza. Una batería a barbeta que se halla enmascarada a la orilla del río
-parece que en la parte más occidental de la
lengua en que se sitúa la ciudad- proporciona más sólida defensa contra las
embarcaciones que se acerquen al puerto. En tiempo de paz tienen desmontados
sus cañones; las explanadas, durmientes, batientes y demás pertrechos se
guardan en el parque de artillería, y se tienen prontos para ponerlos en batería
siempre que la ocasión lo exija.
El Capitán de
Fragata Liniers tenía la idea de adoptar para defensa del río de la Plata mi número de lanchas
cañoneras, que bajo los fuegos de la plaza hiciese la más vigorosa oposición contra cualquier
enemigo, Cuánto se puede esperar de estas máquinast lo acreditan los
sucesos de ellas en Gibraltar, Argel y últimamente en el mar Negro y en
el Báltico. Estos habitantes son muy
diestros jinetes y prácticos en el terreno, y formaría sin duda un respetable
cuerpo de caballería contra cualquier invasión.
Se construyó esta plazaen 1724, Fue su
primer gobernador y poblador don Joaquín Mana p). Se emplearon los brazos de los indios tapes. Por los anos de
1776, según las noticias de don Cosme
Bueno, tendría mil familias de población; pero por las más recientes que hemos adquirido
es en el día mucho más considerable, como luego se dirá.
Sitúase la ciudad
en la parte norte del río de la Plata. Tiene su jurisdicción cuarenta leguas de
norte a sur, y cuarenta de este a oeste, y su población se decía ser de 20.000
almas en toda ella; pero según el padrón circunstanciado hecho en 1781, parece
era sólo de 8973 españoles, 586 indios, 711 mulatos libres, 352 negros y 1760
esclavos, que hacen el total de 12.382; incluyendo la población de
Montevideo, enumerada en 4405 españoles, 350 indios, 673 negros y mulatos libres y 1088 esclavos.
Tiene la ciudad un
Gobernador militar, un destacamento de dragones, compañías de infantería, algunos artilleros, una fragata de
guerra y pequeñas embarcaciones de armadilla; sus Oficiales Reales y Administrador de Aduana, con los correspondientes
guardas del registro; un curato con
una iglesia de no buena arquitectura y un hospicio de franciscanos, cuya
iglesia es también de pobre fábrica. Las casas de la ciudad son de un alto, de
mampostería; las calles, mal empedradas, pero rectas de norte a sur y de
este a oeste, que dividen la ciudad en varias cuadras. Muchos solares, poca
Limpieza y curiosidad; en tiempo de lluvia se transita con trabajo. Hacia la marina hay muchos albañales y
estercoleros, donde se crían muchas y grandes ratas que infestan las embarcaciones. En los arrabales no se ven sino
mataderos y carnicerías; toros que
huyen de Los jinetes que los desjarretan, toros que mueren, y hombres
ensangrentados que con la mayor
agilidad los desuellan, y extienden y clavan las pieles con estaquillas en el suelo, preparándolas así para que las embarquen
los catalanes, que hacen el principal comercio.
Muchos propietarios
hacen venir su ganado a las inmediaciones de la plaza para ahorrarse el transporte de los cueros, por lo cual se
ven tan repetidas matanzas.
En los alrededores
de Montevideo se respira el desagradable olor alcalino de las carnes. La vista se ofende con osarios y despojos de
animales, sobre los cuales caen espesas nubes de pájaros voraces, gaviotas, gallináceas, caranchos y otros, que
obscurecen el aire.
Tantos despojos animales engrasan
considerablemente las tierras, y se conocen por su negrura o color más obscuro,
las que fueron antiguos mataderos.
La población de Montevideo crece de día
en día con la franquicia del comercio y La concurrencia
de buques de los puertos habilitados de La Península especialmente, y de las embarcaciones
catatarías .
Un clima análogo al
de muchas provincias de España, la ocasión del transporte frecuente y la facilidad de
vivir donde alimentos de primera necesidad están casi de balde, atrae muchos españoles. La mayor
parte de la población está dispersa por los arrabales: las casas, ya apiñadas, ya en grupos, ocupan mucha
extensión. Allí los guasos, o mestizos, gente de campo del país, viven en ociosa libertad, que suele parar
en libertinaje, substraídas de La vigilancia de la policía. Hay en el terreno inmediato algunas
huertas, que no se cultivan con el mayor esmero.
Algunos europeos
son los que se dedican a la agricultura, y es su mayor trabajo destruir Las muchas yerbas que produce el vicio de la
tierra.
Uno de los parajes
más amenos de Las inmediaciones de Montevideo es el río Miguelete, que descarga sus aguas casi en el centro
del puerto, a más de dos millas de La ciudad, en la parte septentrional, después de haber atravesado huertas y bosques
de melocotones, donde hay algunas buenas casas de campo.
DE
ESPINOSA Y TELLO
El puerto de
Montevideo es una ensenada en el río de la Plata, de forma de herradura u otra semejante, de mes
millas de mayor diámetro. En la punta oriental de su boca se halla la ciudad, y
en la occidental un cerro
elevado en forma de pan de azúcar, que le debió dar nombre. El braceaje disminuye desde 1a mera línea de la
entrada, considerada entre la punta más sur de dicho cerro y la de San José del
pueblo, desde tres y medio brazas hasta una. El fondo es un fango o limo
muy blando, en el cual encallan las embarcaciones, sin riesgo en tiempo de pamperos: sólo padecerán algo en sus obras vivas
los bajeles poco reforzados. Por otra parte, la naturaleza del puerto
las defiende de los del este.
El cerro al oeste de
Montevideo tiene la figura de pan de azúcar, pero su altura es pequeña respecto de su base.
Es la única eminencia que la naturaleza puso en estos parajes, y la mejor marca con que se reconoce el puerto.
Las tierras de la
jurisdicción de Montevideo yacen a la orilla norte del río de la Plata: se componen de
dilatadas llanuras, que no guayando un perfecto nivelamiento se indinan unas a
otras y forman senos, de donde salen venas de agua que forman arroyos y
continuos prados donde se
crían los más pingües pastos.
Los arroyos
considerables y los ríos vienen de las montañas vecinas: todos desaguan en la
orilla norte del río de la Plata: sus cauces son otras tantas alamedas que
cruzan esta uniforme llanura, y suministran leña y agua para las pocas
poblaciones que en ella se hallan. Las haciendas de los montevidenses son grandes
dehesas que se contienen por el frente por el río de la Plata, y por el este y oeste
por dos ríos colaterales que descargan en ¿i; por el norte se hallan abiertas,
por cuya
razón sitúan por aquella parte las casas de los capataces y guardas. Éstos
andan continuamente a
caballo, rondan el ganado y hacen los rodeos correspondientes. Se sorprenden
los europeos que por la primera vez ven las
inmensas caballadas y vacadas que vagan por estos llanos, que hacen horizonte en muchas partes. El
caballo padre, con la crin tendida, capitanea la yeguada. El toro se encara al pasajero a distancia: están vacas con
muchos y pintados colores, con becerrillos
que las acompañan. Al acercarse el pasajero, yeguas, toros, vacas, todos
corren: temen que las vayan a enlazar. Esta insidiosa arma es el terror
de los animales.
Entre Montevideo y
Maldonado se hallan los ríos Solís Chico, Mosquitos y Solís Grande. Entre ellos se
cuentan algunos arroyuelos de poco nombre: todos tienen arboleda, aunque de poca magnitud. En
los parajes bajos se encuentran muy pequeños y desiguales fragmentos de conchas, que el mar
depositaría en algún tiempo. De dos en dos leguas se ven casas de paja, que son lo que en España
llaman cortijos o ranchos de ganaderos. Otras habitaciones pertenecen a los puestos de
Dragones, donde hay pequeños destacamentos para servicio de la posta y cuidado
de la caballada que la
mantiene, Estos puestos, según su importancia, están a cargo de cabo, sargento u oficial, con correspondiente número de
tropa, la que, tan dividida y esparcida, apenas tiene de tal sino el
nombre: hay destacamentos de dos y de tres hombres; rara vez ven su compañía.
Cuando estuvo el autor de esta descripción se hallaban sin vestuario. Sólo por
el bigote se reconocían por Dragones.
Si se extiende la vista entre Montevideo y Colonia del
Sacramento, se registran los ríos Santa Lucía, San José, Juñe, Coya, Los Padres
y El Sauce, que son los más considerables, vadeables en verano y aun con poca agua
muchos de ellos. En sus orillas tienen asiento las siguientes poblaciones las
más modernas, hechas por el Rey y por particulares: Unas son formales, y otras,
casas esparcidas, a saber: (según un estado hecho por la ciudad de San Felipe
de Montevideo, en 1787).
Casas Personas
Miguelete y
Pantanoso................................................................ 420 1430
Piedras y Colorado..................................................................... 240 854
Arroyo de las Brujas....................... ............................................ 162 647
Canelones Grande,
Chico y Cerrillos............................................. 88 484
Santa Lucía Grande...................................................................... 54 252
El Fala.......................................................................................... 62 . 220
Santa Lucía Chico,
Pintado y La Cruz............................................ 55 200
Arroyo de la Virgen..................................... ..... .......................... 54 353
San José, Cagancha
(de ambas bandas)......................................... 83 378
Carreta Quemada.......................................................................... 21 171
Chamizo....................................................................................... 30 321
Arroyo Sierra y
Mereles................ ...... ....................................... 40 316
Sauce y Pando.............................................................................. 37 207
Solís Grande y Chico
y Villa de Minas.......................................... 50 371
Aumentó la población
desde 1781 hasta 1787 en número de 2360 personas, y se levantaron 529 casas más,
siguiendo cada día el aumento por las causas que se dijeron.
En varios de los
arroyos que desaguan en los de Santa Lucía y San José se encuentran pepitas de oro, y en el paraje
que llaman Las Minas, según les informaron, de plata, plomo, oro y cobre. De oro vieron en
Montevideo pepitas, cogidas en la jurisdicción. Pero estas minas se hallan en abandono por falta de inteligentes que
las trabajen.
La ocupación y
comercio de los habitantes de Montevideo es la cría de ganado caballar y vacuno, en la cual
tiene la mayor parte la naturaleza, pues estos útiles animales se crían en las regiones bonaerenses por sí mismos, sin
que el hombre ponga otra diligencia que plantar el hierro al ganado que paste por su hacienda. La abundancia de los pastos
y la vasta extensión de las dehesas promueven la propagación de estos animales,
en razón de la cantidad de alimentos que
se encuentran, sin embargo de que hasta aquí matan el ganado sin distinción de
jefes, edades, ni tiempos, lo que
debe verdaderamente contribuir a la disminución de su número, como se verifica. Otro cuidado de estos provinciales es
rondar las entradas y salidas de las haciendas, las matanzas, etc. Se emplean también en sacar el
sebo. En el día se hacen ensayos para hacer extracciones de carne salada, la que preparan muy bien, según el método
de irlanda.
Hacen del cuero de vaca cuantos
utensilios y muebles necesita la vida humana. Como el cuero humedecido es una lámina flexible que recibe cualquier forma, y
ésta la retiene cuando se seca, le
aprovechan maravillosamente. Hacen cofres, petacas que se conocen bien en
España, jaulas para cotorras, bolas,
cuerdas de toda especie y, sobre todo, gránenos en que guardan trigo y otras semillas.
Esta manufactura merece particular descripción: Sacan la piel de la vaca
mediante una incisión en la región del vientre y ano, con tanta perfección que,
en rellenándola de cualquiera materia, parece, de lejos, que vive la res.
Estas singulares trojes o arcas las llenan de semillas y dicen que se
conservan muy bien.
Los cueros tienen el valor de 10 reales
de plata dentro de la hacienda, y concurre a su extracción gran número de embarcaciones catalanas. Las astas, que han
tomado valor de pocos años a esta parte, valen un real de plata.
Los caballos
prestan no menos útiles servicios. Sin ellos no se manejarían unas haciendas
tan dilatadas
y desiertas. Los montevidenses se acostumbran tanto a su ejercicio, que ni
pobres ni aun esclavos andan
a pie. Se ve pedir limosna a caballo y picar los bueyes que arrastran una carreta. Regularmente caminan a trote vivo o a
gran galope. Los caballos sufren la fatiga en un grado increíble si no se viera. Los que dieron para las excursiones a
que concurría el autor estuvieran
un día en el foso sin comer, y después corrieron dos o tres postas seguidas:
guardan después igual ayuno si no los sueltan a los pastos; aguantan igualmente
la sed; los dejan con la rienda caída y permanecen como postes; tienen
regularmente buena conformación, y solo ceden a los buenos caballos de
Andalucía y Chile, sin que degeneren de la excelente raza de que provienen. Se
ven también caballos enteros que conservan cuantas ventajas se desean en una buena estampa. No sólo aguantan tan prolija
abstinencia, sino que hacen las más extraordinarias diligencias de
velocidad. Según cuentón, en aquella tierra es común andar el propio caballo 30 ó 40 leguas en un día. El bajo
precio en que se venden estos nobles brutos -la mejor conquista del
hombre- hace que los expongan a rudas y extraordinarias pruebas. El mejor
caballo se vende, a escoger, por un
peso, si está cerril; pero los enseñados a buen paso se venden, respectivamente, con estimación. Una yegua paridera vale dos
reales de plata,
De las costumbres de los montevidenses no
puede menos de alabarse la generosidad, hospitalidad y buena índole que los
caracteriza. Entre la clase noble y acomodada unos viven de sus chacras, en que cultivan, por medio de sus
esclavos, el trigo y otras varias semillas de Europa. Aquí suele dar ciento por «no, y aseguran que el dejado en los
rastrojos suple por una nueva siembra, y se coge nueva cosecha en el año
venidero. Es de la mejor calidad, y si tuviera extracción constituiría un nuevo
y extenso ramo de comercio, y remediaría muchos aftas las necesidades de la Metrópoli. Hay tierras inmensas
de pan llevar, de la mejor calidad. Pero está la navegación ahora en su infancia para que se adopten especulaciones
que piden unos transportes baratos,
Se dedican también a la cría de sus ganados y al comercio de cueros. Gustan mucho
de andar a caballo hombres y mujeres; beben mate a toda hora; hablan con cierta
languidez, mayor que en otras partes; se
resienten de la falta de trato, que produce cierto encogimiento. Por lo demás, son de buena
disposición, tanto de potencias corno de cuerpo. Los sucesivos aumentos que debe esperar en su comercio
aquella población la hermosearán en su planta
natural, mejorarán su policía y los habitantes adquirirán progresivos grados de
ilustración. Las poblaciones grandes se hallan a mucha distancia.
La gente plebeya, a
quien la educación no restringe las pasiones y la civilización no enseña aquellas fórmulas de saludos y palabras
que llaman de buena crianza -mentiras permitidas-vive con cierta independencia y franqueza que le permite la facilidad
de los alimentos y la naturaleza del
país que habita. La siguiente viva pintura, franqueada por un europeo,
excelente observador, no desagradará a nuestros lectores.
Descripción del que llaman guaso u hombre de campo
Un caballo, un lazo, una bolas, una carona, un lomillo, un pellón
hecho de pellejo de carnero, es todo su ajuar de campo.
Una bota de medio
pie, unas espuelas de latón del peso de dos a tres libras, que llaman nazarenas, un
calzoncillo con fleco suelto, un calzón de tripe azul o colorado, abierto hasta
más arriba de medio muslo,
que deje lucir el calzoncillo, de cuya cinta está preso el cuchillo flamenco; un armador, una chaqueta, un sombrero
redondo, de ala muy corta con un barbiquejo, un pañuelo de seda de color y un poncho ordinario, es la gala del más
galán de los gauderios.
Su vida, siempre monótona, se reduce a
salir al campo, siempre a caballo, y correrlo de rancho en rancho, sin cuidar
jamás de su manutención propia, seguro de encontrarla en la primera parte donde se apee, pues cualquiera
recibe hospitalidad franca, sin el empeño de tener siquiera que
agradecerla, porque siempre están surtidos los ranchos de charque, que es una
carne secada al sol, y cortada en delgadas tiras, que se asa en cuatro minutos,
sin otro condimento que un poco de ají, ni
otro pan que el jugo de la gordura que produce el mismo charque, y éste
es el alimento que más usan.
No será superfino
exponer el diálogo que acostumbran para presentarse al rancho más desconocido. Se ponen a caballo delante de la
puerta de él; le dice el amo:
-Di-os lo guarde, aa-mi-go- pronunciado con mucha
lentitud.
-Y a usted lo mis-mo.
-A-pe-esé si gusta.
-No hay para qué.
-Va-ya, no sea son-so.
-Valdreme de su f'a-vor.
-Deje ahí el ca-ba-llo, no más.
-Deo gra-cias. -Ahora va entrando.
-Caba-llero, sién-te-se ahí no más.
-¿Habrá un fueguí-to?
-Alcán-celo por su vi-da, que ahí está a la vuelta.
Con estas palabras,
que se pueden tomar como formulario, se sientan a comer en una banqueta de la figura de
un asiento de zapatero, donde la hay, o sobre una calavera de vaca. Se fija el asador en el suelo,
que es lo más común, y puestos en rueda alrededor del asado, cada uno le tira tajos a su salvo hasta que concluyen con
él, sin otra bebida que el agua, Si es verano se van detrás del rancho a la sombra y se tumban; si es invierno juegan o
cantan una raras seguidillas, desentonadas, que llaman de cadenas, o el pericón,
o malambo, acompañándolo con una desacordada guitarrilla, que siempre es un tiple. El talento de cantor es
uno de los más seguros para ser bien recibido en cualquier parte y tener comida
y hospedaje, Una hora antes de ponerse el sol se despiden de esta
suerte:
-Que-de con Di-os, aa-mi-go. -Vaya con Di-os.
Y se va a la
primera llanura, desensilla el caballo, lo monta en pelo y le da cúicd o seis carreras, que a eso llaman
varearlo; vuelve a ensillarle y se va a otro rancho, donde le hacen el mismo hospedaje.
Adereza su cama con
el pellón por colchón, el lomillo por cabecera y el poncho por manta y sábana. Si en
aquellos días ha carneado algunas reses y ha ganado por peonaje o robo de cuems
algunos reales, muda de estilo y rumbo; se va a emplearlos en aguardiente en la
más inmediata pulpería, de
donde no sale hasta haber acabado su caudal,
Sus pasiones favoritas son el juego, de
cualquier especie que sea: carreras de caballos, corridas de palos, naipes,
bochas y mujeres.
La corrida del pato
merece una particular descripción;
Se junta una
cuadrilla de estos guasos, en que todos son jinetes más allá de lo creíble. Uno
de ellos, teniendo un cuero
con muchas argollas y el brazo levantado, parte como un rayo, llevando 150
varas de ventaja, y, a una señal, lodos corren a mata caballo, formando grita como los moros, persiguiendo al del pato, en pugna
por quitarle la presa Son diestrísimas las evoluciones que éste hace para que
no lo logren, ya siguiendo una carrera recta, ya volviendo a la izquierda, a la derecha, ya rompiendo por
medio de los que le siguen, hasta que alguno más diestro o más feliz lo
despoja del pato, para lo cual no es permitido que le cojan el brazo. En este feliz momento todos le vitorean y le llevan
entre los aplausos, alaridos y zambra, al rancho suyo, al que frecuenta, o bien al de la dama que pretende. Reinan
todavía entre estas gentes muchos
restos de la antigua gallardía española. Nuestro venturoso jinete presenta a su
dama la presea: ella le convida a tomar mató, y suele, a veces, premiar el
valor con los mayores favores.
Los sucesos de la
corrida del pato dan materia para mucha conversación: puestos en cuclillas -postura que guardan
horas enteras- cuentan con más viveza que acostumbran los diversos lances de la fiesta
La sencillez de
estas gentes trasciende en medio de sus pasiones y vicios, y es singular el modo con que
enamoran, Si ven a una china, mulata, etc. u otra mujer que les guste, pasan
por junto a ella, y
quitándose el sombrero hacia atrás, por encima de la cabeza -por costumbre o
por no espantar al caballo: es de suponer que siempre andan a caballo- la
dicen: qué linda habrá sido -lo mismo que: qué linda es- y ella sólo
responde: oz; y tira adelante, y
así repiten este manejo hasta que la dama se para, y le permite más claras
explicaciones. No pocas veces paran
estos preludios en los desórdenes nocturnos que llaman gateo, ya por
condescendencia, y muchas veces por sorpresa y timidez natural en
el bello sexo,
Muchos de estos
guasos o gauderios libertinos pisotean el derecho de hospitalidad que tan francamente se les
dispensa. Como lodos duermen en la misma casa, pues la estrechez de las
habitaciones no permite las separaciones que pide el buen orden y la decencia;
cuando todos duermen, salen
a gatas, y con el mayor silencio asaltan el lecho de las mujeres que apetecen, las que si no están de acuerdo sufren la
violencia de su honestidad por evitar unos escándalos que también las violenta y expone su crédito, y
usan de la defensa que permite la sorpresa y la contusión.
Reina no poco
desorden en las costumbres de la clase pobre de nuestras Américas, por la de dormir juntas las personas
de ambos sexos en la misma habitación, y lo mismo sucederá en cualquier otra parte que no se precaucione.
Muchas veces estos
ladrones de la honestidad son sentidos por su poca destreza, y aun las mismas
que están de acuerdo, son las primeras que les arañan, y todos lo burlan y lo
denuestan.
Otra veces se ven
nuestros gauderios en compañía cuatro o cinco de ellos, y se convidan (1) a comer una pierna de vaca o novillo: le
enlazan, derriban y trincan de pies y manos, y, casi vivo, le sacan toda la rabadilla, le hacen algunas sajaduras liada el
lado de la carne, la medio asan, y la comen con sal, si por casualidad
la llevan. Otras, matan una vaca para comer el matambre, que es la carne entre las costillas y el pellejo. Otras, se
les antojan caracúes, que son las canillas y huesos que tienen medulas: les
sacan, descaman bien y ponen punta arriba sobre brasas, hasta que hierva dentro
de la caña, y entonces un palito sirve para que saquen y coman aquella
sabrosa sustancia.
También estos carnívoros sibaritas hacen
de las vacas un asado que merece particular descripción:
abren la res por el vientre, le sacan intestinos, entrañas, etc., juntan toda
la gordura en el centro de la cavidad, pegan fuego a aquellas materias
grasas, y se forma una gran luminaria: unen
las canales de la res, y el fuego, encerrado, respira por boca y orificio; al
cabo de algunas horas se halla la
carne suficientemente asada, y estos hombres cortan de la parte que les place,
y aun llevan a sus casas y la sazonan con ají, que es su ordinario condimento.
En las casas de
estas gentes no se ven otros objetos que una cama, un fogón, asientos como
banquillos de zapateros o calaveras de vaca, charque, un cuarto de carne
colgado, algún mueble de
cuero, los aderezos del caballo y apenas algún otro mueble.
Walter Rela el eminente profesor, crítico literario,
bibliógrafo, historiador y ensayista uruguayo, ha venido recibiendo con motivo
de su jubilación en su labor docente muy merecidos reconocimientos, entre los
que se incluyen. además del de la Universidad Católica del Uruguay en donde
profesó por muchos años y ocupó la dirección de las facultades de Historia,
Filosofía y Letras, otros honores como la declaración de Profesor Honorífico de
la Universidad Pedro Henríquez Ureña de República Dominicana o el “Homenaje al
Maestro Uruguayo Walter Rela” de la Universidad de Buenos Aires en 1997. La
extensa obra de Rela puede dividirse en seis acápites: Bibliografías,
Cronologías anotadas, Diccionarios, Historia, Antologías y Ensayo. Muchos de
sus libros recibieron gran acogida crítica. Fue profesor visitante en la
América del Sur de las universidades de Argentina, Chile y Brasil y en Estados
Unidos, de University of Chicago, Michigan State University y Washington
University en St. Louis, MO.
[1] Estos materiales,
que establecían ciento cincuenta puntos principales, como posteriores sondajes
del piloto Cyarvide, fueron lo único que se publicó en Madrid hacia 1810, según
lo refiere WOODBINE PARISH en "Buenos Ayres and the Provinieces of the Río
de la Plata", en 1852,Id, MARIANO
CORTES ARTEAGA y el autor, en Suplemento Dominical de "EL DÍA" N3
586 "Valiosa cana del Río de la
Plata" usada por el Capitán Arraga (9/IV/1944) Nº 616 "Expedición
Malaspina" (19/XI/1944).Id. Juan Antonio REGULES, en "Apuntes fiara
la Historia de la Cartografía en el Uruguay" Montevideo. 1935.UL-
Exposición Cartográfica Española, dirigida por C, Julio GUILLEN Y TATO.
Montevideo y Buenos Aires, 1944.ESPINOSA Y BAUZA, en él ínterin de su vuelta
por tierra, desde Valparaíso (a. raíz de su estado de salud) trazaron también
el mapa de la ruta, camino y las "verdaderas" posiciones, de
¡aje Santiago de Chile, Mendoza, San Luis, Río Tercera, la. Pampa y Buenos
Aires, único en su momento, Aftas después. Bauza vendería su valiosa colección
privada sobre geografía americana, al Museo Británico, donde se encuentra e]
original del mismo. DESTEFANI Lauro, en comunicación del 9/DÍ/1986, Boletín de
la Academia Nacional de la Historia Nº LVIII/LIX (1985-1986), brinda
una síntesis actualizada al respecto.
[2] El
"Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay" en "El Primer
Observatorio de Montevideo" (A/ GONZÁLEZ.
C/F/ETCHECOPAR. C/PERBÍ MONTERO) Figuran los facsímiles de las observaciones
astronómicas mencionadas. (1955, Montevideo)
[3] Boletín Histórico del E.M.G. del E.; Flavio A. GARCÍA. Montevideo, 1956.
Nos. 80-83 "Antonio do Pineda
y Née".
[4] Sumaca es una
especie de goleta con cubierta y sirve sobremanera para la navegación del río.