OCTAVIO PAZ, CUENTISTA
Nedda G. de Anhalt
Vicepresidenta del PEN Club
de México
¿Águila o Sol? de Octavio Paz[1],
libro cardinal de su obra, uno de los más interesantes en la narrativa
hispanoamericana no sólo por la fuerza de su estilo y pensamiento sino porque
que, entre los muchos Paz que habitan y coexisten en este poeta, ensayista,
traductor, orientalista, filósofo, humanista, la conciencia crítica más lúcida
de México, historiador u observador social y artístico, -por destacar ciertos
aspectos de sus aventuras espirituales en ese recorrido que ha significado un
largo camino de reconocimientos[2]-
¿Águila o Sol? puntualiza de manera
precisa y eficaz uno de los aspectos conocidos, pero raramente abordado por los
estudiosos de su obra: Paz, cuentista excepcional.
Tal
vez valga la pena recordar que, para cualquier tipo de literatura imaginaria,
el autor de Libertad bajo Palabra
supo capturar la esencia de instantes en el feliz matrimonio del sonido y el
sentido. Y esto, precisamente, tiene tanto en común y es propio del cuento
corto, como también con la poesía: poder encerrar en un relámpago toda la luz y
todo el espacio del universo. No otra cosa hace Octavio Paz en los textos de ¿Águila o Sol?
Ahora
bien, antes de abordar el poder y la belleza de estos sueños imaginados a
través del lenguaje, frutos de la
fantasía y reflexión del autor de El
Laberinto de la Soledad, recobro la opinión de T. S. Eliot[3].
Él consideraba que ningún poeta o artista posee un sentido completo de sí mismo
si no aprecia sus relaciones con otros poetas o artistas del pasado. Desde esa
perspectiva y, aunque sea a vuelo de pájaro, fue evidente que Octavio Paz no
aspiró al ideal de un cuentista como Horacio Quiroga[4],
quien se acercó a la selva virgen y a los ríos caudalosos para hacer de éstos
los verdaderos héroes de sus relatos. Si el uruguayo no perdió de vista la
tierra, el mexicano tampoco. Y la mirada de Paz la dirigió también al interior
del ser humano. Asimismo, la privilegió con una elevación hacia el inescrutable
firmamento para capitalizar con los recursos de su imaginación, intelecto y
humor, la sintaxis de un nuevo alfabeto y de un nuevo sistema de signos y
señales. En éstos concibió una pasión secreta por la palabra, las sílabas y el
acto de la escritura. Ellos fueron sus verdaderos héroes y heroínas; en ellos
Paz encontraría un mundo habitado de
suspenso y aventuras.
El
creador de El arco y la lira fue un
solitario, independiente, que no sucumbió a la tentación de elaborar un
decálogo para cuentistas como lo hicieron Quiroga y otros. No obstante, en el
improbable caso de haber formulado su decálogo –y a pesar de que no me
corresponde enunciarlo- aventuro su primer mandamiento:
“Procurarás siempre que la prosa conviva con la poesía”.
En
sus cuentos, el autor de Los hijos del
limo adoptó la “primera persona” forma narrativa propia de Conrad[5]
o Fitzgerald[6] de modo que
el lector podrá descubrir la idea de una poesía-relato, en donde cada poema es
un cuento breve y, a la vez, cada uno de ellos respira cierto aire poético
vinculado a una jerarquía cuyo tránsito fantástico y conceptual viene dado por
el elemento narrativo. Es decir, el doble arco de la prosa y la poesía de Paz
se tensa por la conciencia de reflexiones, recuerdos, experiencia o hechos
esenciales del espíritu y vida de sus narradores.
En
la intersección de estos dos planos, poesía y prosa, Paz se halló en su mejor
elemento, a pesar de que es una
posición difícil y a menudo peligrosa; pero este hermoso rasgo de audacia le
valió triunfos rotundos en “Trabajos del poeta”, “Mi vida con la ola”, “El ramo
azul”, “Cabeza de ángel”, “Carta a dos desconocidas”, “La higuera”, que, entre
otras, figuran como obras maestras de su cuentística.
En
todo caso, tanto Paz como Quiroga y la mayoría de los escritores
hispanoamericanos, tuvieron algo en común: les atrajo Francia y el Modernismo.
Puede afirmarse, sin la menor vacilación, que el creador de Salamandra se sintió cercano a Baudelaire[7],
pues ambos colocaron el infierno en el corazón del ser humano. Con Henry James[8],
Paz compartió su lealtad hacia la palabra, su amor por la libertad personal
humana y, asimismo, incluyó en sus relatos los exquisitos toques de humor e
ironía aunados a la interjección de lo grotesco. Del mismo modo que Borges[9],
Paz supo jugar con la realidad e irrealidad de las cosas; al igual que Proust[10], le obsesionó la memoria contempladora y el
poder universal absoluto del Tiempo. A diferencia de Hawthorne[11],
que creó un Rappaccini blasfemo, ya que en la búsqueda del conocimiento
antepuso el hecho de que la cabeza triunfe sobre el corazón, Paz no se aleja de
la vida que nutre, porque para este poeta mexicano la ética y estética humanas
son consubstanciales.
En
cuanto al antes citado T. S. Eliot, el ejemplo más convincente de la afinidad
entre ambos radica en el comienzo de uno de los versos en “Cuartetos”, “En mi principio está mi fin”, o cuando
termina: “En mi fin está mi principio”. Del mismo modo, cuando considera que el
tiempo pasado y el tiempo futuro “apuntan a un fin único, que es siempre
presente.” Mas no será el señalamiento de indudables afinidades, diferencias o
coincidencias con estos u otros escritores el tema de este ensayo, porque
habría que mencionar a Heráclito, Basho, Blake, Donne, Reverdy, Mallarmé, Rimbaud, Villaurrutia, Bretón, Péret,
Tablada y tantos más. En la visión que nos proporcionan estos cuentos
magistrales, Octavio Paz gira en una esfera tan solitaria como la del propio
Giorgio de Chirico o Marcel Duchamp. Veamos.
II
“Águila o Sol” presenta tres secciones:
“Trabajos del poeta”, “Arenas movedizas” y “¿Águila o Sol?”. La que abre el
volumen “Trabajos del poeta” es un ejercicio espiritual inscrito con el
espectacular tapiz de 16 fragmentos en simétricas y sorprendentes estructuras
–aparentemente aisladas y caprichosas- pero que, su totalidad, resulta una
construcción en sí. Misma que explora relaciones entre el lenguaje, escritura y
tiempo que suscita el acto creativo. Desde ese comienzo, el tono del libro está
dado con la unidad de inspiración del humor, el absurdo y la rebelión de los personajes de negro, o de
colores; a veces frágiles, a veces crueles, como “Tedevoro” y “Tevomito”. Y es así como surgen juegos con las palabras
en un crescendo no retórico sino
físico: “A la palabra torre le abro
un agujero rojo en la frente. A la palabra odio
la alimento con basuras durante años…”
De
súbito, puede manifestarse la necesidad de un acto cotidiano como es la compra
de una cajetilla de cigarros. De modo que, rodeado de creencias, errores,
verdades, fe, olvidos, dolor, yerba seca, insomnio, el viento y el tiempo que
avanzan, el escritor crea Tinantlán “la ciudad gris al pie de la piedra
blanca”. Y luego de haber edificado su “casa en la roca de un No inaccesible a
los halagos y el miedo” y de haber arrojado “puñados de silencio y monosílabos de
desprecio” a sus amores, surge el apego a la primavera en repeticiones y
variaciones de la Palabra, en estos textos visionarios. Pues, ¿qué otra cosa es
el escritor sino un huérfano sin identidad, metido en los meandros de la
soledad, mas resuelto a ir al encuentro de su destino cuando se enfrente al
juego peligroso de la escritura? ¿Poseerá fortaleza y seguridad para triunfar?
¿Podrá crear ese lenguaje nuevo, “poderoso de látigos”? ¿Sabrá deshacerse de
palabras “masticadas desde hace siglos”? ¿Aprenderá a jugarse la vida por una
palabra? “¿Cara o Cruz?”
En los nueve relatos de “Arenas Movedizas” y los
veintidós de “¿Águila o Sol?”, tan
extraños, pero tan creíbles, es donde se encuentran los mejores cuentos de Paz.
En esta segunda y tercera parte del libro se prolonga el tono y la dirección de
la primera; el matrimonio entre poesía y prosa persiste, pero con un ritmo más
sosegado, asimismo, el balance entre la emoción y el intelecto. ¿Y las
imágenes? Seducen, convencen por insólitas y continúan brillando lustrosas. La
maestría con la que Paz crea el suspenso y una atmósfera de miedo, terror u
horror[12]
se da especialmente en “Arenas Movedizas” con un lenguaje que fascina y
hechiza.
“El ramo azul”
cuenta una historia desde cierto ángulo previamente transformado por el punto
de vista del narrador-protagonista. Es el de
un pueblito marginal en el mapa de la imaginación del autor donde reina
el calor y aparentemente nada pasa. Nuestro forastero despierta una noche, empapado
de sudor, en la habitación del pequeño hotel. Desde el “piso de ladrillos rojos, recién regado, subía un
vapor caliente. Una mariposa de alas grisáceas revoloteaba encandilada
alrededor del foco amarillento. Salté de la hamaca y descalzo atravesé el
cuarto, cuidando no pisar algún alacrán salido de su escondrijo a tomar el
fresco. Me acerqué al ventanillo y aspiré el aire del campo. Se oía la
respiración de la noche, enorme, femenina.”
Este
primer párrafo evoca un estado de ansiedad ambigua que el autor va
privilegiando con imagen, sonido y olfato a través de la riqueza de los colores
“rojo”, “grisáceo” y “amarillento”. Después vendrán el “verde”, “negro”,
“blanco”, “azul”, colores que en el cuento ostentan auténtico peso, sabor y
olor. ¿Es este el triunfo de una prosa modernista que narra un suceso de manera
bella? Sí, pero no del todo, porque el hecho de que Paz se apropie de ciertos
colores, es para llegar al claroscuro del relato. Es decir, contraviniendo el
consejo del dueño del mesón: -“todo está cerrado”, “más le valiera quedarse”-
el forastero se empeña en dar una vuelta por el pueblo.
La noche con sonido de grillos e insectos, su “campamento
de estrellas” y “aroma de tamarindos”, le extiende una invitación. Nuestro protagonista se echa a andar
sintiéndose libre. Es cuando, de súbito, se escuchan unas pisadas y el autor
expande así la posibilidad de lo inesperado con más impresiones auditivas. El
artificio estilístico que realza el valor de este cuento al recorrer otra
escala de intensidad es con el azul, color que se presenta siempre en
asociación indestructible al ensueño, pensamiento, y a lo celeste. Más el azul
en este cuento ni siquiera es dariano porque, en una iluminación súbita, se
transmuta en un color agresivo, nefasto, trágico. Es nada menos que el color
codiciado, el del miedo, mismo que se anticipó, veladamente, en el primer
párrafo del cuento con las imágenes del “vapor caliente”, el imposible
“alacrán”, la mariposa revoloteando en el piso, antes citados, o posteriormente
con “el bicho escondido en los pliegues de la ropa”.
Alguien en una ocasión sentenció: “La única cosa a la que
debemos tenerle miedo es al miedo en sí”. ¿Miedo al azul en un pueblo primitivo
donde aparentemente nada pasa? No, terror al azul de un forastero que,
milagrosamente será salvado por el rango y la autoridad de un símbolo solar: el
color amarillo. Si “El ramo azul”[13], un cuento redondo de Paz, prueba algo es
que decididamente vivimos en un mundo donde la oscuridad metafórica del mal
llega, mas no perdura.
“Cabeza de ángel” responde a estos sentimientos de
distinto modo. El miedo y el terror ya no se agazapan, sino se consignan con
violencia y crudeza magníficas en una pesadilla sin fin ante la mirada
indiferente de los demás. Estamos, ¿qué duda cabe?, ante un cuento de horror
que paraliza el ánimo. Desde el mismo comienzo, se presenta una dicotomía. La
cabeza, ¿será de un ángel o de un demonio? La voz narradora de una mujer
explica cómo funciona el corte de una cabeza puesta al revés, que no permite al
individuo caminar ni mitigar su sed. Ese desdichado sobrevivir humano
exige la continua muerte de los otros
para robar cabezas.
El elemento esencial de este cuento es la muerte asociada
a la crueldad exasperada en el
simbolismo de una inhumanidad que ha sido planteada por el autor como un
siniestro reinicio de irracionalismo perpetrado por seres supuestamente
civilizados.
William
Woodsworth afirmó que el trabajo de un poeta no es tratar las cosas como son
sino como parecieran existir para los
sentidos y las pasiones. Es lo que ha hecho precisamente, y de manera
genial, el autor de Postdata con
“Cabeza de ángel”.
En esta
somera reseña de la cuentística de Paz, debe mencionarse “Antes de dormir”.
Revela la conversación, idéntica a la de un matrimonio mal llevado al pelearse
y reconciliarse que el narrador sostiene con el Tiempo. “Tú” y “ella”, ¿son lo
mismo? Pero, ¿quiénes son ellas? ¿Quiénes somos nosotros? ¿Por qué existe el
olvido para este escribiente al recordar a una y reconocer a la otra en “Carta
a dos desconocidas”? En “Maravillas de la voluntad”, un hábito nimio de Don
Pedro como saludar a los parroquianos cuando llega al café, sufre un
trastocamiento. ¿Por qué se subvierte en el cuento la cotidianeidad para
contagiarla con un odio vivificador? Porque la inclinación del escritor Paz es
borrar los límites o la barrera existente entre un cuento convencional y una
ficción simbólica, algo que es eminentemente post-moderno. Lo que emerge de
estos receptáculos de infelicidad humana es una parábola objetiva no exenta de
humor negro.
Paz se
sitúa en la trayectoria de autores que consideran las realidades aparentes de
una palabra o de ciertos hechos como una armadura que debemos romper a fin de
que esta “prisionera de las apariencias” alcance la realidad absoluta oculta.
“¿A qué horas se acaban las horas?”, pregunta, por ejemplo, el protagonista
anónimo de “Visión del escribiente”. Y si en “Prisa” vivimos en un universo
donde la conciencia del hombre moderno está encerrada, cada una, en su cárcel
particular, ¿cuál es la prisa de andar con prisas? ¿O qué decir de la metáfora
en “Un aprendizaje difícil” con una educación nada sentimental que tiende sus
“trampas de la fe” para desenmascarar nuestras fútiles “borracheras de
vanidad”? En verdad, ¿existirá una playa cubierta de “miradas”, “escamas
resplandecientes” y ”caídas que arrastran” como la de “Lecho de Helechos”? ¿Por
qué en su memorable cuento “La Higuera” todos somos higueras que estrangulamos
“al niño que somos”? ¿Qué hacer con esa “petrificada carabela de jade” que nos
brinda ilusión y nos promete todo tipo de esperanzas? ¿Nos unimos a ella o la matamos? Y, ¿qué decir de aquel hombre
cuando entra a su casa? En el instante de hacerlo, se ve salir. “Intrigado,
decidí seguirme”, escribe Paz en “Encuentro”. Como el buen cuentista que es,
desde esa primera frase intriga y atrapa la atención del lector.
Ciertamente,
por sus méritos literarios y conciencia artística, todos los cuentos de Paz
merecen una discusión más amplia. Y como en este ensayo no será posible, una
mención al menos sobre las primeras líneas de un cuento magistral, “Mi vida con
la ola”, relato marcado por la dualidad que penetra en el mundo de lo irreal
como un pretexto para describir el devenir amoroso de una pareja. Cito, “Cuando dejé aquel mar, una ola se
adelantó entre todas. Era esbelta y ligera. A pesar de los gritos de las otras,
que la detenían por el vestido flotante, se colgó de mi brazo y se fue conmigo
saltando…” Las aventuras entre la ola y el narrador se suceden hasta descender
en un laberinto surrealista donde la ficción se separa en dos planos tajantes,
que explora por partida doble, la felicidad e infelicidad de una relación
amorosa.
Con este aparente onirismo surrealista, el autor sugiere
en el ascenso y caída de la ola, que ésta posee un carácter intrínsicamente
contradictorio para simbolizar la esencia no sólo de lo femenino, sino del amor
mismo. La presencia del movimiento del mar, como también la de los juegos
eróticos de la ola con peces y caracoles, sugiere el sexo en su sentido más
primitivo. Obviamente, para Paz la poesía no es el mundo imaginario de una ola
que literalmente salta del mar para acompañar al protagonista del cuento, sino
la metáfora –pretexto- que dará , en su ascenso y descenso, el punto de
arranque para revelarnos un secreto a voces; el juego erótico en el amor. en la
mayoría de los casos, se acaba. Dicho de otro modo, si al principio el
resplandor de la felicidad, el placer y la alegría reinan, el maldito Tiempo se
encarga de corroer el juego pasional para tornar la atracción en un haz de
atributos contradictorios y antagónicos de violencia, agresión y odio.
III
Como hemos visto, Paz no es un
autor tradicional ni escribe tradicionalmente, pero es uno que se conmueve ante
los esplendores del universo y la creación literaria. El rasgo más notable de
su talento es la habilidad para contar historias a través de metáforas y
simbolismos. En sus cuentos, los innumerables préstamos entre poesía y prosa
están libres de cualquier tipo de atadura. La única dependencia gira en torno
de lo que él crea en su imaginación y fantasía. No estoy sugiriendo que sean
cuentos anarquistas -porque no lo son- pero sí anticonformistas, que exigen sin
cesar una aspiración a lo translúcido. Reflexiones, memorias y sueños son las
ventanas mágicas que permiten a sus narradores -seres que se buscan
desesperadamente- asomarse a un mundo a veces místico, otras absurdo. Los
verdaderos protagonistas de estos relatos son la palabra, sus sílabas, el
tiempo, la niñez, el amor, la vida y la muerte.
En ¿Águila o Sol? Octavio Paz ha planteado el
problema de la identidad y el de la libertad en el ser humano. Su condición de
escritor permanece estrechamente ligada al destino poético del lenguaje.
Dotados de una secreta cohesión, ambos destinos muestran una extraordinaria
unidad.
No
obstante haber sido Paz un poeta de inteligencia crítica que supo descubrir la
cavidad detrás de la sonrisa, pocas personas como él han provocado, al mismo
tiempo, tantos halagos e insultos.[14] Cierto, a Paz le disgustaban los tiranos,
“ogros filantrópicos”, ujieres literarios, el populismo, las indoctrinaciones
de cualquier índole y la literatura “light”. Sin embargo, para agravio de los
politólogos equivocados, sus juicios y opiniones, hasta la fecha, permanecen en
pie.
El autor de El mono
gramático poseía la autoridad de la erudición, aunada a una forma original
de ejercer el manejo de la ironía y el sarcasmo.[15] Atacado por la grandeza de su obra,
sufrió una envidia despiadada, provocadora de los más descarados plagios.
En 2007 se celebraron los cincuenta años de la publicación
de su poema esencial: Piedra de sol[16]. Un verso suyo en “Evocación de Mixcoac”,
“Mi casa fueron mis palabras, mi tumba, el aire” nos recordará que el 19 de
abril de 2008, se cumplirán diez años de su desaparición física.
Sirva su
verso y una paráfrasis mía en referencia a Luis Buñuel[17], como una suerte de homenaje a nuestro
mejor y más apasionante escritor:
Como cuentista,
Octavio Paz “no es el primero ni el segundo. Es único”.
Ciudad de
México, enero 28 de 2008.
Bibliografía de Octavio Paz
Selección
Obras de Octavio Paz:
· ¿Águila o Sol?
(1949-1950), Volumen Decimoprimero de los 15 volúmenes de las Obras Completas de Octavio Paz, Círculo
de Lectores, FCE, México, 31 de marzo de 1997, 588 p., pp. 145-194. Las citas
de este ensayo pertenecen a este libro.
· ¿Águila o Sol?
Edición Conmemorativa 50 Aniversario (1951-2001), Ilustraciones de Rufino
Tamayo, FCE, México, 2001.
· El Laberinto de la Soledad, FCE, México, 1950, 1959, 1963, 1964, 1967, 1968, 1969.
· El laberinto de la soledad, FCE, México, 4ª. ed., 1964.
· El laberinto de la soledad, Postdata, Vuelta a El laberinto de la
soledad, FCE,
México, 2004.
· La Estación Violenta, FCE, México, 1958, 2003.
· El Arco y la Lira, FCE, México, 1956-2006. Edición Facsimilar Conmemorativa del 50
Aniversario de esta obra (1956-2006), con cartas de Julio Cortázar y José Gaos
y un Postfacio de Anthony Stanton.
· Salamandra,
(1958-1961), Mortiz, México, 1962.
· Blanco,
Mortiz, México, 1967, 1972.
· Apariencia Desnuda, Ediciones Era, México, 1973.
· Las peras del Olmo, Seix-Barral, Barcelona/Caracas/México, 1957, 1971, 1984, 1985.
· Libertad Bajo Palabra (1931-1981), FCE, México,
1960, 1983.
· El Ogro Filantrópico. Historia y Política (1971-1978), Mortiz, México, Febrero 1979, Mayo
1979.
· Pasión Crítica, Seix-Barral, Barcelona, 1985.
· Sombra de Obras, Seix-Barral, México, 1983.
· El Signo y el Garabato, Mortiz, México, 1973.
· El Mono Gramático, Seix-Barral, Barcelona/México, 1974.
· Ladera Este, Hacia el comienzo, Blanco, Mortiz, México, 1969, 1970.
· In/Mediaciones, Seix-Barral, Barcelona/Caracas/México, 1979.
· “Poesía, Mito, Revolución”, Vuelta,
México, 1989. Precedido por los discursos de François Mitterand, Alain
Peyrefitte, Pierre Godefroy.
· Postdata,
Siglo veintiuno editores, México/Argentina/España, 1970.
· Sor Juana Inés de la Cruz o Las Trampas de la Fe, FCE, México, 1982.
· Discos Visuales, Dibujos de Vicente Rojo, Era, México, 1968.
· Árbol Adentro,
Seix-Barral, México, 1987.
· Pequeña Crónica de Grandes Días, FCE, México, 1990.
· La hija de Rappaccini, Arenas Movedizas, Alianza Cien, Portada de Leonora Carrington,
México.
· La hija de Rappaccini, Era, México, 1990.
· La Llama Doble. Amor y erotismo, Seix Barral, México, 1993.
· El camino de la pasión: López Velarde, Seix Barral, México, 2001.
· “Estrella de Tres Puntas. André Breton y el surrealismo”, Vuelta, México, 1996.
· Crónica trunca de días excepcionales, UNAM, México, 2007.
· Claridad errante. Poesía y Prosa, FCE, México, 1996.
· Postdata,
Siglo XXI Editores, México, 10ª. ed., 1973.
· Hombres en su siglo y otros ensayos, Seix Barral, México, 1984.
· Xavier Villaurrutia en persona y en obra, FCE, México, 1978.
·
Luis Buñuel: el doble arco
de la belleza y de la rebeldía, Galaxia Gutenberg, Círculo de Lectores,
Barcelona, 2000.
· Itinerario,
FCE, México, 1993.
· Al paso,
Seix-Barral, Barcelona/México, 1992.
· Tiempo nublado, Seix-Barral, México, 1983.
· Poemas (1935-1975), Seix barral, Barcelona, 1979.
· Pasado en claro, FCE, México, 1975.
· Los hijos del limo, Seix barral, Barcelona, 1974.
· Puertas al campo, Seix barral, Barcelona, 1972.
· Conjunciones y disyunciones, Mortiz, México, 1978.
· Versiones y Diversiones, Mortiz, México, 1974.
· Corriente alterna, Siglo veintiuno editores, México, 1967, 12ª. ed., 1979.
· Vislumbres de la India, Seix Barral, México, 1985.
· La otra voz. Poesía y Fin de siglo, Seix Barral, México, 1990.
· Sueño en libertad, Escritos Políticos, Selección y prólogo de Yvon
Grenier, Seix
Barral, México, 2001.
· Primeras Letras (1931-1943,) Selección, introducción y notas de E. M.
Santí, Vuelta,
México, 1988.
· Cuadrivio,
(Darío, López Velarde, Pessoa, Cernuda), Mortiz, México, 1965, 5ª. ed., 1980.
· Un más allá erótico: Sade, Vuelta, México, 1993.
· El amor en cuestión, Octavio Paz, en colaboración con Herbert Marcuse, Kostas Axelo, Edgar
Morin y otros, Rodolfo Alonso Editor, Argentina, 1969.
· Claude Lévi-Strauss o el nuevo festín de Esopo, Serie del Volador, Mortiz, México,
1966, 1969, 1972.
· The Labyrinth of Solitude and other Writings, traducción del español por Lysander
Kemp, Yara Milos y Rachel Phillips Belash, Grove Press, Nueva York, 1998.
Obras escogidas sobre Octavio Paz:
·
Rachel
Phillips, Las Estaciones Poéticas de
Octavio Paz, FCE, México/Madrid/Buenos Aires, 1972. Traducción del inglés
de Tomás Segovia.
· Ivan Ivask, The poetry and Prose of Octavio Paz, University of Oklahoma, 1973.
·
Roberto
Hozven, Octavio Paz Viajero del Presente,
El Colegio Nacional, México, 1994.
· Horácio Costa, ¿Águila o Sol, Edición bilingüe
portugués-español de ¿Águila o Sol?
de Octavio Paz, FCE, México 2001.
·
Manuel
Ulacia, El árbol milenario. Un recorrido
por la obra de Octavio Paz, Galaxia Gutenberg, Círculo de Lectores, 1999.
· Eliot Weinberger, en colaboración con Elizabeth Bishop, Paul Blackburn, Lysander Kemp, Denise Levertov, John Frederick Nims y Charles Tomlinson, The Collected Poems of Octavio Paz (1957-1987). A New Direction Book, Nueva York, 1987.
·
Margarita
Murillo González, Polaridad-Unidad,
caminos hacia Octavio Paz, UNAM, México, 1987.
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Hugo J.
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Octavio Paz, (1931-1938), La Centena, Ediciones Sin Nombre, México, 2001.
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Brading, Octavio Paz y la poética de la
historia mexicana, FCE, México, 2002.
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Lauro
Acevedo, Árbol-Abril. Homenaje al poeta
Octavio Paz, Ediciones Odra, 1998.
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Zentella, Modelos geométricos en el
ensayo de Octavio Paz, Praxis, México, 2002.
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Vera, Coatlicue en Paz. La imagen
sitiada, Universidad de Puebla, México, 2003.
· Kwon Tae Jung Kim, El elemento oriental en la poesía de Octavio
Paz, Universidad de Guadalajara, México, 1989.
·
Alberto Ruy
Sánchez, Una introducción a Octavio Paz,
Mortiz, México, 1990.
· Octavio Paz, A Celebration, Poemas de John Ashberry, Joseph Brodsky, Bei Dao, Richard Howard, Mark Strand y Octavio Paz, The Academy of American Poets/The Mexican Cultural Institute, 1994. Traducción Eliot Weinberger.
· Octavio Paz. A Draft of Shadows, New Directions, New York, 1979. Traducciones de Elizabeth Bishop, Mark Strand y Eliot Weinberberger,
·
Pere Gimferrer,
Lecturas de Octavio Paz, Anagrama,
Barcelona, 1980.
·
“Las
palabras son puentes. A Octavio Paz en sus ochenta años”, Vuelta, México, 1994.
·
Festejo: 80 años de Octavio Paz, El Tucán de Virginia, México, 1994.
Presentación de Víctor Manuel Mendiola. Ensayos de Adolfo Castañón, Horácio
Costa, Nedda G. de Anhalt, Víctor Manuel Mendiola, Eduardo Milán, Anthony
Stanton, Danubio Torres Fierro, Manuel Ulacia y James Valender.
·
Octavio
Paz, Claridad Errante. Poesía y Prosa, FCE, México, 1996.
***
Cuentista, ensayista, crítica literaria y cinematográfica, Nedda G. de
Anhalt, educada en la Universidad de La Habana, el Sarah Lawrence College de
Nueva York y la Universidad de Las Américas en México- de donde obtuvo una
Maestría en Estudios Latinoamericanos ha publicado: El correo del azar, El
Banquete, Crítica Apasionada, Cuentos Inauditos (dibujos de Basia Batorska),
A buena hora mangos verdes, Cine. La gran seducción (Portada y prólogo de
José Luis Cuevas), Allá donde ves la
neblina, Un acercamiento a la obra de
Sergio Galindo, Rojo y naranja sobre rojo (Pintura de Severo
Sarduy), Dile que pienso en ella, ¿Por qué Dreyfus? El ensayo de un
crimen. Algunos cuentos y ensayos suyos han sido traducidos al alemán,
inglés, italiano y hebreo. Su
más reciente obra, Cuadernos del Exilio I (2006) obtuvo el
Segundo Accésit del Premio Internacional de Poesía Eugenio Florit 2001. Durante
años fue la secretaria del PEN Club de México y desde 2001 es su
vicepresidenta.
[1] Octavio Paz
(México 1914-México 1998)
[2] El Premio Cervantes
1981, el Alexis de Tocqueville 1989, el Nobel de literatura 1990, por mencionar
sólo tres preseas entre los numerosos reconocimientos y honores que Paz recibió
a lo largo de su trayectoria literaria y humanista.
[3] Thomas Stearns
Eliot (1888-1965)
[4] Horacio Quiroga
(1878-1937)
[5] Joseph Conrad
(1857-1924)
[6] Francis Scout
Fitzgerald (1896-1940)
[7] Charles
Baudelaire (1821-1867)
[8] Henry James
(1843-1916)
[9] Jorge Luis
Borges (1899-1986)
[10] Marcel Proust (1871-1922)
[11] Nathaniel Hawthorne (1804-1864)
[12] Ver la diferencia que Octavio
Paz establece entre miedo, terror y horror en “Xavier Villaurrutia, en persona
y obra”, Ver Bibliografía.
[13] “El ramo azul”,
gozó la fortuna de elegirse en antologías extranjeras. Incluso, se escenificó
en Broadway, bajo la dirección de Sam Sheppard, en traducción al inglés de
Eliot Weinberger. La obra duró meses y su estreno fue, posiblemente, en el
último semestre de 1997 o a principios de 1998.
[14] Cabe recordar
que, en 1984, al aceptar el Premio de los Libreros en Alemania, después del
discurso que Paz pronunció en la Feria de Frankfurt pidiendo democracia para
Nicaragua, a su regreso a México, la izquierda mexicana orquestó un bochornoso
acto de repudio con la quema pública de su efigie en la Avenida Reforma.
[15] Su cáustica frase, “cortar el
chocolate al loro”, pasó a la historia. Hace referencia a la equivocada
decisión del entonces gobernador de Michoacán, Cuauhtémoc Cárdenas, de
suspender, de súbito, cuando ya los ponentes estaban en marcha, un Congreso de
Poetas a celebrarse en ese estado, durante la presidencia de José López
Portillo. Al criticar ese desatino, Paz utilizó la parábola de una familia muy
rica a la que le exigieron austeridad. Al reunirse sus miembros, la decisión
fue unánime. No podían prescindir de sus carruajes ni caballos; tampoco de sus
vestimentas, joyas, manteles, manjares, vajillas, vinos o cubiertos de oro.
Entonces, el patriarca llegó a esta conclusión: cortar el chocolate al loro.
[16]Federico
Amat escenificó en enero de 2008, en un teatro de Barcelona el maravilloso
poema de Paz, Blanco.
[17] Octavio Paz, Luis Buñuel: el doble arco de la belleza y
la rebeldía, Ver Bibliografía, (p.52).