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RAÚL RIVERO
Y LA POÉTICA DE LA DISIDENCIA
Héctor
R. Romero University
of Texas-Pan American
Raúl Rivero
nació en Morón, Camagüey, provincia de Cuba, en 1945. Estudió periodismo
en la Universidad de La Habana y fundó en 1966 la revista satírica El
caimán barbudo. Ocupó varios cargos de índole periodística en la
agencia gubernamental Prensa Latina cargo que lo llevó a Moscú. A su
regreso a Cuba, ocupó el cargo de Jefe de Relaciones Internacionales
de la Asociación Nacional de Escritores y Artistas de Cuba hasta que
renunció a dicho cargo en 1989. Dos aZos más tarde firmó
la famosa Carta de los diez donde varios escritores cubanos le
pedían a Castro libertad para los presos políticos cubanos. De todos
los firmantes, Rivero fue el único que se quedó en Cuba. En 1995 comenzó
a dirigir la Agencia Cuba Press, donde han colaborado docenas de periodistas
independendientes cubanos que ejercen su profesión valientemente y divulgan
las violaciones de derechos humanos en Cuba. Su obra periodística ha
resonado claramente en los medios informativos dentro y fuera de Cuba.
Entre varios premios y galardones recibidos, se le concedió en 1997
el Premio Internacional Reporteros Sin Fronteras como resultado de sus
labores a favor de la libertad de prensa en Cuba. En 1999 recibió el
prestigioso Premio Maria Moors Cabot de la Facultad de Periodismo de
la Universidad de Columbia. En marzo de 2003 lo enjuiciaron sumarísimamente
y lo condenaron a veinte aZos de prisión,
junto con otros setenta y siete intelectuales disidentes cubanos. Hoy,
prisionero de conciencia sufre en prisión bajo execrables condiciones
infrahumanas. Su delito: ser escritor y, como ha dicho su amigo Rafael
Ferro Salas, ser “de los que llevan la luz y la reparten.” (13). En
su propio, “Monólogo del culpable,” Rivero rechaza toda culpabilidad.
Su único delito, dice, ha sido llevar a cabo el único acto soberano
“que he realizado desde que tengo uso de razón: escribir sin mandato”
(51). Incólume
al encarcelamiento que sufre, la voz poética de Raúl Rivero se alza
perentoria, persuasiva y determinada para denunciar el mismo sistema
que lo encarcela y le niega un derecho básico del ser humano: expresarse
libremente. Ha escrito 11 poemarios, y varios libros de relatos periodísticos,
artes plásticas y compilaciones de cuentos de otros jóvenes escritores
cubanos. Además, su obra ha sido incluida en numerosas antologías sobre
poesía cubana. José Pratts Sariol, en su “Prólogo de 1989" a la segunda
edición de Herejías elegidas de Raúl Rivero, divide la obra poética
de este autor en cuatro apartados: “poemas donde predomina lo narrativo-descriptivo,
la tercera persona, los plurales incorporados; poemas donde el eje discursivo
es de carácter irónico-satírico-humorístico, en los que el extraZamiento
permanente marca el tono; poemas donde las tensiones entre tradición
y actualidad se resuelven distanciadamente en cauces métrico-versológicos,
casi siempre como subzona de los irónicos; y poemas del “yo”, donde
predomina lo lírico íntimo, lo autobiográfico en su vertiente más volitiva,
afectiva, personal” (15-16). No negamos la validez de esta clasificación,
pero también encontramos en la poesía de Rivero un leitmotif que
está íntimamente ligado a su entorno, tanto en lo personal como en lo
público, histórico y social. Nos referimos a un proceso de índole unamuniana,
aunque no en la misma envergadura filosófica del vasco, que lleva al
cubano a buscar su verdad, una verdad enraizada en el deseo de libertad
del escritor, libertad que le ha sido negada y que frustra al poeta
en su realización como escritor y como ser humano. En el prólogo a su
poemario Firmado en La Habana, el poeta dice: “Estoy seguro de
que, como en todas las circunstancias de mi vida, fue la poesía mi primer
cómplice en el complejo, y levemente suicida, proceso de encontrar la
verdad–o por lo menos, mi verdad–en esta Cuba inflamada y amenazada
de fin de siglo” (9). Más adelante finaliza diciendo que su poesía .
. . “está aquí, gracias a la generosidad de muchos amigos, circulando
en ese territorio tangible de Cuba que lleva consigo todo aquel que
la ama, viva donde viva y muera donde muera” (10). Y es éste el leitmotif
al cual nos referíamos: la búsqueda de su verdad y su amor por su tierra
natal, amor que lo lleva a escoger vivir en un insilio dentro de la
patria que no ha querido abandonar. Su poesía, por ende, es el descubrimiento
de su propia verdad, y de una verdad nacional que el poeta busca en
el “tratamiento de los temas prohibidos por una ley no escrita, pero
suspendida en letra y espíritu en todo el aire de la República”(10).
Es precisamente la verbalización de esa búsqueda y de esa verdad , el
enfrentamiento con esa ley no escrita que prohíbe la revelación de la
verdad, lo que lo lleva a la marginalización de sentirse como un exiliado
en su propio país. La relación entre el hombre y su entorno asfixiante
es clave en la poesía de Rivero. Su poema “Malos sueZos,” con
el cual inicia su poemario Firmado en La Habana, expresa claramente
ese sincretismo entre el hombre marginado y su entorno patrio. El poeta
se identifica como “un productor de taquicardia/Alguien que no quiere
irse/ni se quiere quedar.” Su conflicto interno, el rechazo de su circunstancia
ambiental inmediata, y la imposibilidad de abandonar voluntariamente
su entorno, domina el poema. La voz poética continúa describiéndose
como “. . . alguien que es recibido con alegría en la primera noche/con
reserva en la segunda/ y es expulsado en la tercera.” Su sentimiento
de hombre marginado es evidente, como lo es la tristeza que esto le
produce o la consolación momentánea que puede recibir de otros: “soy
un hombre triste que llora sobre las cuartillas/ o sobre un hombro pasajero.”
El poeta se siente intrínsicamente ligado a su circunstancia ; su pesimismo
lo anonada, y se siente tan marcado por su historia personal como por
la de su país: “soy un desastre como mi pasado/un mal sueZo como mi provenir/y
una catástrofe como mi presente./Soy un poeta, como se ve, múltiple
intenso/en el centro de la debacle de su época/de su país y de sus circunstancias.”
Atrapado en un ambiente hostil y asfixiante, busca el escape a través
de su poesía, pero ni mediante su creación poética puede escapar pues
sueZa “. . . con cercos/policiales y amigos encarcelados.”
Su evasión poética se convierte en “. . . pesadillas donde huyo/volando
como un ingenio azucarero/ disfrazado de espantapájaros y de niZo/ de espadachín
y de catedral.” Pero su intento de evasión es imposible, y termina concluyendo
que la realidad existe y que hay que enfrentarla: “Admirad que para
asumir mi mundo de hoy/empuZe nada más que esta pluma” (11-12). No cabe la menor duda
que la marginación de Raúl Rivero es producto de su estado como exiliado.
Aclaremos este punto. Uno de los tratamientos más completos que conozco
sobre la etiología y desarrollo del concepto de exilio es el de Paul
Tabori en su libro The Anatomy of Exile. En este bien documentado
estudio, Tabori se remonta a las acepciones más elementales del exilio,
y traza este fenómeno desde sus orígenes en las culturas griega y latina
hasta el presente. Sus análisis tocan en puntos de vista filológicos,
históricos, filosóficos, legales y políticos. Es un estudio tan completo
como se pueda esperar si se percibe el exilio como resultado de un proceso
de traslación, de mudarse o emigrar, voluntariamente o no, de un sitio
a otro, esperando el posible regreso al lugar de origen, aunque el logro
de este objetivo sea imposible en la mayoría de los casos. Tabori
percibe el proceso migratorio exílico como beneficioso al país o tierra
que recibe al exiliado: “It is my contention that exiles have made an
important and lasting contribution to whatever country was willing to
receive them; that in the long run, whatever the cost to their hosts,
they have repaid it many times over” (12). De esta forma, y así es como generalmente se concibe el
proceso exílico, el exiliado experimenta una separación geográfica y
su nueva indentidad de exiliado se desarrolla en un lugar ajeno al de
su origen. En la mayoría de los casos, el exiliado, eventual e inadvertidamente
se va convirtiendo en inmigrante. Ése no
es el caso de Raúl. Rivero. Para comprender la situación de Rivero,
y la de otros poetas de la disidencia, tenemos que seguir las pautas
del enjundioso libro de Paul Illie, Literature and Inner Exile.
En este persuasivo estudio Ilie presenta la hipótesis que el exilio
no es un movimiento desde dentro hacia fuera, ni tampoco se limita a
un desplazamiento geográfico como se ha entendido generalmente. El exilio
produce una excisión que va más allá de la separación de lugares y pertenencias;
así pues, habría que considerar que la separación es más mental y cultural
que geográfica, y que afecta a los dos elementos del binomio: los que
se van y los que se quedan. Es interesante notar que en Rivero se manifiestan
los dos elementos del binomio lo cual exacerba su marginación y conflicto
interno. Recordemos que en su poema “Malos sueZos” el poeta se
identifica como alguien “que no quiere irse ni se quiere quedar.” Cuando
un evento político fuerza un éxodo masivo de la población, no todos
los ciudadanos desafectos pueden o quieren marcharse. Aquéllos que se
quedan, sufren la alineación y marginalidad que experimentaban los que
optaron por la separación geográfica del exilio, pero la sufren de una
manera más severa y más personal porque viven en un exilio interno,
mucho más angustioso, peligroso y solitario. Paul
Ilie explica que “. . . exile is a state of mind whose emotions and
values respond to separation and severance as conditions in themselves.
To live apart is to adhere to values that do not partake in the prevailing
values; he who perceives this moral difference and who responds to it
emotionally lives in exile” (2). Este es
el exilio de Raúl Rivero, un exilio interior, un insilio marcado por
la marginación, por la desesperanza, por la frustración y por el intento
de que la poesía le sirva de flagelo y denuncia a la desintegración
de su entorno social. Así, en “Poema radiante” recogido en la antología
Herejías elegidas, el poeta dice: “Estos versos serán
luminosos/en medio de la noche de junio/en el solsticio de verano/en
La Habana llena de moscas y/desperdicios/y como banda sonora/el rumor
de cerdos /y gallinas que mis vecinos/ esconden en el edificio” (32).
En “Preguntas”, el poeta ensarta una serie de preguntas retóricas que
revelan su percepción de estar en un país que no es el suyo, un país
que él desconoce y donde se siente ajeno, como un exiliado en su propia
tierra: “Por qué, Adelaida, me tengo que morir/ en esta selva/ Por qué
aquí donde quisimos árboles/ y crecieron enredaderas/donde soZamos ríos/y despertamos enfermos/en medio de pantanos/
. . . Por qué me tengo que morir/no en mi patria/sino en las ruinas
de este país/que casi no conozco” (74). Su poesía es una fiel compaZera que le permite
enfrentarse a las situaciones más difíciles, y sobreponerse a ellas.
Recordando uno de sus tantos encarcelamientos, el poeta escribe en “Calabozo
cinco:” “No te vieron conmigo/ atravesar las rejas./Ni el coro de la
llaves/que usurpaba tu música /alteró la cadencia de sus ritmos fatales./
Aquí donde dormimos/silenciosos y nobles/castigados y ajenos/en la sombra
el linaje/tú eres aún invisible/mensajera y mensaje./ Emoción evocada./Es
domingo en la tierra/a mí me tienen preso/a ti no te ve nadie/nadie
sabe quien eres/dulce, leve y serena/prisionera del aire” (26). Su poesía
lleva un doble código de “mensajera y mensaje” estando él preso su poesía
será su mensajera, y en una logradísima imagen antitética nos dice que
su poesía es “prisionera del aire,” o sea no prisionera en el calabozo
como él (situación real), sino del aire, libre para hacer volar su imaginación
y esparcer su mensaje una vez que la intuición poética se haya revelado
en el poema. Quisiera detenerme un momento para comentar la definición
de poesía que Rivero revela en este poema. Su poesía es “emoción evocada,”
dice, definición que elabora
Carlos BousoZo, en
su clásica y amplia obra Teoría de la expresión poética. Para
BousoZo la poesía es
una síntesis intuitiva, única, que se revela en una percepción de emociones
y en la evocación serena de impresiones y sensaciones (18-20). En Materia y forma en poesía, Amado
Alonso se acerca al mismo tema y explica que el poeta trata de expresar
no sólo lo sentido, sino a la vez lo contemplado, y es en la intuición
poética que se revela esa comunicación. La intuición poética unitaria
se logra mediante intuiciones parciales, “hasta que, por fin, la última
consigue darle, con la máxima simplicidad de elementos, esa maravillosa
transparencia de luz cuajada, ese bloque luminoso de puro sentimiento
y de puro sentido condensado que los grandes poetas alcanzan en sus
momentos de inspiración privilegiada” (11-18). “Calabozo cinco” es un
ejemplo clarísimo de esa progresión de intuiciones parciales que, en
la lograda imagen “prisionera del aire,” culmina con ese bloque luminoso
de sentido y transparencia a que se refería Alonso. Otro tema reiterado en la poética disidente
de Rivero es el cautiverio. Según Paul Ilie, este tema, sea encarcelamiento
real o simbólico, distingue al insilio o exilio interior, al cual Ilie
se refiere como “resident exile,” del exilio diaspórico o geográfico.
Cito: “Imprisonment is as much a psychosocial
structure of residential exile as it is a physical penalty” (135). Claro, todo aquél que ha vivido bajo un régimen totalitario y despiadado,
sin respeto a los derechos humanos, se ha sentido prisionero dentro
de una cárcel gigantesca, aun sin estar físicamente encarcelado. Es
curioso que en una entrevista oyera decir una vez al poeta Jorge Valls,
que cuando él estaba encarcelado en Cuba, reconoció irónicamente la
realidad del lema revolucionario “Cuba, territorio libre de América.”
Contaba Valls que para los presos políticos la gran ironía era que el
verdadero territorio libre eran las prisiones donde se encontraban pues
allí podían expresarse libremente sin temor a ser encarcelados. Raúl
Rivero ha vivido ambas realidades de cautiverio, el psicológico y el
carcelario, y ha defendido su derecho, y el derecho de todos a expresarse
libremente. La metáfora de la poesía como “prisionera de aire” reitera
un denominador común , ya que para todos estos escritores y poetas que
han defendido la libre expresión, sea en ensayos o en poesía, la verdad
es incarcelable, no se somete a ningún cautiverio. Manuel Vázquez Portal,
quien también sufre prisión por el solo delito de escribir, expresa
la misma idea en un impresionante y emotivo poema escrito desde la su
celda en la Prisión de Boniatico. El poema se titula “Un trino de la
memoria,” el trino es su ansia de libertad, y cuando cae la noche, lo
visita en la soledad de su celda y le hace recordar todo lo bueno que
ha vivido. No le importan entonces al poeta ni las rejas ni los carceleros
porque “ . . . La libertad,/ un pájaro inmortal que trina en la memoria,/se
eleva y me traslada,/ abrazo a mi mujer,/ acaricio a mis hijos/ y vuelvo
a mi jergón de prisionero/ donde duermo otra vez como los santos./ Han
caído en la trampa de encerrar lo imposible” (26). Raúl Rivero
defiende el derecho de expresarse libremente en su poesía y en su prosa.
En un impávido y contundente ensayo que le da título a su
libro Sin pan y sin palabras, Rivero defiende a su colega Marta
Beatriz Roque, quien también sufre un duro cautiverio comenzado antes
del de Rivero. Marta Beatriz Roque, signataria del documento “La patria
es de todos,” está “. . . sola, con el murmullo de su bolígrafo barato
sobre el papel, contenida pero en disposición de usar los instrumentos
que toma de las circunstancias, del entorno en que la tienen. El texto
que ayudó a redactar sí está libre y anda por Cuba y por el mundo, y
se mueve en y hacia los cuatro puntos cardinales porque las ideas no
necesitan leyes, no creen en puntos fronterizos ni en cadenas. Y entran
y salen y se posesionan (o no) de palacios y calabozos”(84). Además del tema del encarcelamiento, el miedo
es otro de los leitmotifs identificables con el exilio interior y evidente
en la poética de Raúl Rivero, pero su tratamiento temático del miedo
es engaZoso porque encubre
su fortaleza interna al sobreponerse al mismo. El miedo aparece en “Personal”
del libro Puente de guitarra: “Soy pobre y sin habilidades/ présbite
y rencoroso/tengo miedo/un miedo esencial y permanente” (45). En el
poema “Carta,” del mismo poemario, se escucha la voz poética: “Dejadme
dejar dicho: tengo miedo/permitidme ser constante en mis temores/ .
. . No pido compasión sino distancia/no reclamo perdón sino alegría/que
abra paso y develice/que me voy a morir donde yo quise/porque pude administrar
mi cobardía” (44). Y aquí vemos cómo el poeta se sobrepone a su miedo,
porque “cobardía”, para el poeta, ha sido la posible vacilación ante
la alternativa de tener que escoger entre marcharse al exilio externo,
o seguir en su exilio interior. Ya vimos que en el poema “Malos sueZos” del poemario Firmado en La Habana,
el poeta se identifica como “alguien que no quiere irse/ni se quiere
quedar,” aludiendo evidentemente a su deseo de no dejar lo que ama,
pero a la vez deseando alejarse de lo que lo frustra y lo agobia. En
“Estrella 555,” del mismo poemario, el poeta se dirige a un ser desconocido,
quien lo exhorta a la partida. El poeta se encuentra ante la puerta
de la Oficina de Emigración esperando su turno, y dice: “Al fin me tienes/como
querías./ . . . Estoy poniendo cara de emigrante/es decir/la misma cara
que uno tiene/mezclada con una especie de altivez/de indiferencia, de
abandono, de hastío/de asco y de tristeza./ . . . y estoy como si no
fuera conmigo./ Pero todo es conmigo/porque realmente estoy pensando/en la primera
lluvia/después que yo me vaya.” El poeta finge una cara de emigrante;
pero no lo es, porque no piensa en lo que le espera más allá del mar,
sino en la primera lluvia después de su partida. Si se marchara, seguiría
pensando en su querido entorno, y la voz poética continúa con una imagen
gongorina donde se condensan los sentidos contrarios en un bloque luminoso
de puro sentimiento, como diría Alonso: “Pienso no en lo que me obligas
a dejar/sino en todo lo que me abandona” (15-16). Lo que está obligado
a dejar es emblemático de todo lo negativo que él rechaza en su entorno
político y social; aquello que lo abandona es lo que le dolería dejar
en caso de una partida. Es por eso que el poeta piensa “en todo lo que
me abandona.” En caso de su partida todo lo que le es querido es tan
parte de él que se sentiría abandonado por aquello mismo que él deja.
Este doble carácter de la separación exílica, de pérdida de ambas partes
de todo aquello que comparten los que se marchan y los que se quedan
y sienten ser parte de ellos, lo explica con claridad Paul Illie: “.
. . the nature of this separation remains to be defined not only as
a unilateral severance, but as something more profound.
Excision
is a reciprocal relationship; to cut off one segment of a population
from the rest is also to leave the larger segment cut off from the smaller
one” (2). Lo que
se abandona adquiere entonces una variedad connotativa mucho más compleja.
En estas
breves páginas hemos tratado de resumir los puntos más sobresalientes
de la temática disidente de Raúl Rivero: su frustración, su angustia,
su miedo, su indomable sentido de libertad, su espíritu de denuncia
ante la indolencia y la injusticia, pero más que todo, su ilimitado
amor por Cuba. Raúl Rivero escogió vivir en paz con su conciencia y
ejercer su derecho soberano de “escribir sin mandato.” Hoy languidence
en una celda, pero su poesía, “prisionera del aire,” resuena como un
eco triunfador por los cuatro vientos.
El Dr. Héctor
R. Romero se recibió de la Universidad de Illinois- Urbana
con un doctorado en Estudios Hispánicos y Lingüística. Ha ocupado
diversos cargos administrativos y académicos en distintas universidades
norteamericanas. En la actualidad es Profesor de Estudios Hispánicos
en University of Texas-Pan American. El Dr. Romero ha escrito
varios libros y numerosos artículos publicados en revistas especializadas
en los Estados Unidos, Europa y Latinoamérica.
Obras citadas
Ferro Salas, Rafael. “Poesía presa,” Revista de Cuba,
3 (2003):13-14.
Rivero, Raúl. Sin pan y sin palabras. Barcelona:
Península, 2003.
---. Herejías elegidas, intro. De Felipe Lázaro,
Prefacio y Prólogo de José Prats Sariol, 2da. Edición. Madrid: Betania, 2003.
---. Firmado en La Habana. Miami: Sibi, 1996.
---. Puente de guitarra. Puebla, México: Universidad
Autónoma de Puebla, 2002.
Tabori,
Paul. The Anatomy of Exile. Londres: Harrap, 1972.
Ilie,
Paul. Literature and Inner Exile. Baltimore: The Johns Hopkins
University Press, 1980.
BousoZo, Carlos. Teoría de la expresión poética.
7ta. Ed. Tomo I. Madrid: Gredos, 1985.
Alonso, Amado. Materia y forma en poesía. Madrid: Gredos, 1969.
Álvarez Portal, Manuel. “Un trino en la memoria,” Cubanet
1 (2003): 26 |